sábado

Las jodidas puertas

Salí de un cóctel bastante mareada, con esa euforia tonta que te hace creer una bailarina, a mí me hace creer una bailarina.

Sebastián M., uno de los polis de la editorial, me sacó de la fiesta con una sonrisa de cuervo y me pidió un taxi. Yo no quería un taxi, solo quería seguir hablando con mis lectores, de mis libros, de mi vida, de las cartas que nunca respondía, pero que estaba dispuesta a responder desde esa misma noche, de mi obsesión por las puertas cerradas (me echaron en cara los cientos de puertas cerradas de mis novelas, y descubrí que hay ensayos, tesis y hasta un programa de una tele argentina sobre las jodidas puertas).

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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