martes

Sin ganas

El marido de Agustina murió. No se lo dijo a nadie, pensaba que si nadie lo sabía, seguiría vivo.


Cuando le preguntaban por él las vecinas, Agustina decía que tenía hepatitis y no podía salir de casa, cuando preguntaba la familia les decía que se había vuelto muy huraño y no quería ver a nadie.


Cuando él mismo le preguntó por qué ya no salía nunca de casa, por qué ya no tenía ganas de tomar o de fumar, ni interés por nada, Agustina le dijo que los muertos no suelen tener ganas de nada, si acaso de tierra. Pidió que la avisara.


El marido de Agustina pidió descanso a los tres años.


Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas


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