Se cuenta la anécdota de que Brecht, cuando iba de pequeño al colegio, se divertía inventándose citas que evidentemente siempre atribuía a Goethe, sin que jamás le fuera discutida la paternidad de ninguna de ellas por parte de sus maestros.
Todo el mundo citaba a Goethe, todo el mundo leía a Goethe, y nadie se atrevía a correr el riesgo de no saberse su Goethe. “¿Buenos días!”, como dijo Goethe. O: “El hermoso mes de mayo”, como dijo Goethe. O: “Bebamos y cantemos”, como dijo Goethe.
Jordi Ibáñez, Galería de clásicos, Johann Wolfgang Goethe. La ironía del genio
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