Darío escribió el nombre del cliente en su libreta de policía. Lo llamó RF para que ante una posible pérdida nadie supiera de él. Cosas de inspectores de homicidios, pensó.
RF tenía un rostro de esos que engañan, parecía más joven y menos rico de lo que era en realidad. También parecía casado y que engañaba a su esposa. No tenía. Llevaba lentes y tenía aspecto de hombre débil y olvidadizo. También esto era falso.
RF se enteró del caso de Lanús por la prensa. Le gustaba leer, tenía guardados ejemplares de diarios, sobre todo deportivos, en el sótano de su chalé, una casa de tejado rojo a dos aguas en un barrio residencial habitado por empresarios de medio pelo y futbolistas que ya no llegarían a saltar a Europa.
Darío aparcó su auto en la trasera del chalé y dio una vuelta a la manzana antes de llamar a la puerta. Pudo ver que llegaba un colectivo del que bajaron varias mujeres, a buen seguro empleadas de hogar camino de su trabajo. Una de ellas se dirigió a la residencia de RF. Parecía procedente de algún país de Europa del este, Darío la observó hasta que dio la vuelta a la manzana y desapareció.
Fue esa mujer la que le abrió la puerta cinco minutos después.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
No hay comentarios:
Publicar un comentario