martes
Igual que ayer
Etiquetas:
Cien años de soledad,
García Márquez,
tiempo
Petición popular
chicadecente, march. 19th, 2022 at 23:41 to: robertopintado@hotmail.com
¡Hola Roberto!
¿Para cuándo una dirección de Instagram o alguna red social dónde podamos saber de ti, comunicarnos y seguirte sin necesidad de asomarnos a este blog a ver si hay algo nuevo?
Seguro que lo haces a propósito, sé que eres un morboso y que imaginas que dejas la ventanita de tu casa entreabierta para que miremos como voyers, y te pillemos haciendo algo inconfesable.
No me refiero a que dejes el blog, ¡¡no, por favor!! pero se echa de menos un contacto más rápido y poder intercambiar opiniones sin necesidad de mandar estos e-mails que, a mí, ya me da la sensación de que estoy mandando una carta con sello y todo.
¿Aún recibes cartas de los lectores y lectoras? Apostaría a que sí, yo misma te mandaría una perfumada y todo si supiese a dónde. (No, no te estoy pidiendo tu dirección no te preocupes).
Estoy segura de que muchos y muchas piensan como yo.
No desconfíes, solo estoy pidiéndote un triste enlace a Instagram.
¿¿??
lunes
Modificar
En este libro pródigo en paradojas resulta vano trazar categorías. Mac, como ciudadano y marido, será todo lo mediocre que se quiera.
A la hora de expresarse por escrito se muestra, sin embargo, denso y complejo, virtudes que comparte con el libro de Vila-Matas. Mac es consecuencia de su texto. Sin texto no habría Mac. Y lo contrario, tampoco. Se me mete ahora Flaubert en el discurso: Madame Bovary, c’est moi. Y de forma parecida, Mac es Vila-Matas, pero Vila-Matas no es Mac como Flaubert no era Madame Bovary, aunque sí al revés.
Al igual que Alonso Quijano, Mac ha leído mucho y desea traspasar los límites de la vivencia cotidiana. El manchego quiso ser personaje de novela y, de hecho, lo fue al precio de una transformación que dio lugar a uno de los libros mayores de la literatura universal.
Mac, más modesto en su propósito, se conformaría con ser autor. No lo mueve la ambición del arte ni aspira a la originalidad. Él se propone reescribir la novela primeriza, defectuosa, de su vecino Ander Sánchez. Eso sí, modificándola. De otro modo bastaría el plagio. Aquí no están en juego trampas ni negocios, sino cuestiones intelectuales de gran calado vinculadas al ejercicio de la escritura.
Fernando Aramburu, Mac el modificador
Etiquetas:
dobles,
Don Quijote,
laberinto,
Vila-Matas
Ventana que escucha
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
Miguel Hernández, Eterna sombra
Sobre un charco
Me arrebujé entre las sábanas. En la habitación de al lado alguien veía la tele, a través de las paredes llegaban palabras sueltas de un programa de viajes. Mis pensamientos se mezclaron con aquel programa, soñé que pedía una botella de ron al servicio de habitaciones.
También soñé que llovía, pero en esa época del año casi nunca llueve en Madrid. Hacía calor, retiré las sábanas y la lluvia comenzó a caer sobre mí, pensé en cómo se iban a enfadar los de la editorial cuando a la mañana siguiente me encontraran en aquella cama, sobre un charco de agua, desnuda, muerta y borracha.
Y cómo explicarían a la prensa, a los lectores y a la propia escritora, su muerte en agosto en aquel hotel de Madrid.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
domingo
A las diez de la noche
En el canto primero de la Farsalia ha grabado Lucano esta clara línea: Victrix causa diis placuit. sed victia Catoni (La causa del vencedor fue grata a los dioses, pero la del vencido a Catón), que postula que un hombre puede tener razón contra el universo.
Para Carlyle, en cambio, la historia se confunde con la justicia. Vencen quienes merecen la victoria, principio que revela a los estudiosos que la causa de Napoleón fue intachable hasta la mañana de Waterloo e injusta y detestable a las diez de la noche.
Jorge Luis Borges, Prólogos con un prólogo de prólogos
La gran muerte
Me pasa siempre, y duele, y confunde. Debe ser algo relacionado con la desesperación de vivir. Si estoy en Barcelona, me gustaría estar en Madrid.
Si estoy en Zaragoza, me gustaría estar en La Coruña. Si estoy en La Coruña, me gustaría estar en la cima del Aneto, comiendo setas venenosas bajo el cielo helado. Si voy al cine, en mitad de la película me entran unas ganas revolucionarias de estar en mi casa viendo la televisión. Si estoy sentado en el sofá viendo la televisión, me gustaría estar muerto y enterrado en el cementerio, contando los días que faltasen para la resurrección de la carne.
Todo me persigue, ciudades, cines, casas, cementerios. Si estoy con amigos, preferiría estar con amigas. Si estoy con amigas, me gustaría estar con enemigas. Si estoy con enemigas, me gustaría estar en casa durmiendo la siesta. Si me compro unos zapatos con cordones, en que salgo de la tienda y ando por la calle empiezo a envidiar a todos aquellos que llevan zapatos sin cordones. Y también me pasa con las camisas, las cazadoras, los pijamas, y las sandalias en el verano. Y también con las vidas: Si me pienso abogado, preferiría ser médico. Si médico, sacerdote. Si sacerdote, hombre casado y con siete hijos. Si casado, soltero. Si soltero, viudo muy apenado. Si viudo, monje. Si monje, matador de toros.
Estés donde estés, no has acertado por completo. Siempre hay algo más barato y mejor por ahí. Siempre hay vistas desconocidas en el acantilado de la vida. Me está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma.
Manuel Vilas, El inmaduro
Las pilas cargadas
Esa noche volví al hotel con las pilas demasiado cargadas, el polo positivo a tope de mojitos, caipiriñas y otros cócteles extraños para una escritora argentina que nadie conocía y que ahora corría el riesgo de ser conocida como una borracha. El polo negativo lleno de ganas de salir a bailar, de beber más, de hablar con la gente, de conocer hasta el fondo la noche de Madrid.
Entiendo que quisieran sacarme de allí, pero no podía volver a mi habitación con ese estado de excitación.
El poli me acompañó hasta el hall, habló con la chica que atendía la recepción y pulsó por mí el botón de subida del ascensor.
— Dese un baño y duerma, mañana la llamaré a las ocho, pasaré a recogerla a las nueve en punto para ir a la entrevista de la radio. Supongo que se habrá leído el dossier.
Lo que llamaban el dossier era un montón de folios escritos en Arial y encuadernados en espiral donde había un resumen de cada una de las novelas de la autora, una biografía y varias páginas de preguntas probables con respuestas típicas. Por supuesto no lo había leído, ya conocía bien la obra de aquella señora que por otra parte, cada vez sentía más mía y me gustaba menos.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
sábado
Las jodidas puertas
Salí de un cóctel bastante mareada, con esa euforia tonta que te hace creer una bailarina, a mí me hace creer una bailarina.
Sebastián M., uno de los polis de la editorial, me sacó de la fiesta con una sonrisa de cuervo y me pidió un taxi. Yo no quería un taxi, solo quería seguir hablando con mis lectores, de mis libros, de mi vida, de las cartas que nunca respondía, pero que estaba dispuesta a responder desde esa misma noche, de mi obsesión por las puertas cerradas (me echaron en cara los cientos de puertas cerradas de mis novelas, y descubrí que hay ensayos, tesis y hasta un programa de una tele argentina sobre las jodidas puertas).
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
viernes
Fiesta patronal
En resumen, perdíamos el tiempo, nuestro valioso tiempo, sin reparar en todo lo que arrebatábamos a la posteridad, en todo lo que perdía la Literatura Universal con cada página que no escribíamos.
Languidecíamos, sudábamos, pasábamos del mundo. Y la visita de las chicas acontecía como una fiesta patronal.
Nacho Abad, Las almohadas desnudas
Una rabiosa melancolía
Sólo dios sabe por qué se me regaló el don de aprenderme de memoria las manos de todas las cajeras que me han atendido y cobrado alguna vez en mi vida.
Es un don inexplicable, frenético cautiverio de los ojos. Cajeras del Carrefour, del Sabeco, de Alcampo, cajeras de todas las tiendas que he visitado, llevo vuestras manos en el disco muy duro de mi memoria.
Manos grandes, pequeñas, manos tristes, alianzas, adornos, uñas de todas las formas y de todos los colores, venas bajo la piel, manos atadas a una máquina registradora, manos cansadas, uñas rotas. Falanges señaladas para trabajos poco señalados. Manos siempre pulcras, manos a veces de una belleza fulminante. Manos inesperadas.
Siempre que voy con el carro de la compra, y dejo el azúcar y las galletas en el mostrador, y comienza la cajera el rito de coger con sus manos mi compra, me invade una rabiosa melancolía: miro esas manos que cogen lo que compro, esas manos esclavas, las mías que también lo son, las mías que sacan billetes de una cartera, las manos de ella, con sus uñas pintadas (he visto cien mil uñas encerradas en cien mil colores), los cambios, el rey de España pasando de mano en mano, ausente él también con su efigie narcotizada, las estúpidas galletas, la abundante azúcar.
Y es entonces cuando actúa mi memoria. Allí donde solo hay manos muy baratas en trabajos muy duros, yo me aprendo esas manos muy de memoria: dedo a dedo, alianza por alianza, uña a uña, cada falange, cada vena abandonada a su suerte, cada pliegue de la piel, cada forma delicada de los dedos.
Manuel Vilas, Las manos de las cajeras
jueves
Un libro al suelo
Esa misma tarde estuve hablando con él de cosas insignificantes. Del tiempo, de las posibilidades de premio de la máquina tragaperras, de lo guapa que se ha puesto Lena, la chica del bar.
Se despidió dando un último trago a la cerveza y limpiándose la boca con el dorso de la mano.
"Nos vemos, Rober"
Se suicidó pegándose un tiro en la boca. Su hijo pensó que se había caído un libro al suelo.
El poder de las palabras
Etiquetas:
delirio,
Historia,
juego de palabras
miércoles
Dios encima de una nube
Este mundo. No es inhóspito. Las faldas azules de las camareras de los hoteles. Las nubes desde la estrecha ventana del avión, Dios encima de una nube, descansando, abajo los inertes océanos con el vientre lleno de ballenas, de pulpos, de rodaballos, de sardinas tristes a la deriva, de viciosos peces transparentes.
Esta noche viajaré en un avión gigantesco, a la velocidad de la sangre, quiero ver este mundo que se muere, las naciones bajo mis pies sucios, las cárceles, los gobiernos, las lenguas, las patrias, y yo arriba, al lado de Dios, al lado del sol y de las almas gastadas.
Me gusta el hedor moral de este maravilloso mundo. Esta noche me largo. Mucho amor en el aire humedecido. Mucha felicidad en las manos radiantes. Mucha santidad en los ojos.
Esta noche me largo.
Manuel Vilas, Me largo esta noche
Simplemente no me gustas
Aprovechando la calima que cayó sobre toda España la semana pasada alguien escribió sobre el capó de mi coche:
I'm not shy. I Just don't like you
Supongo que no es más que una frase hecha salida de una camiseta o de una taza de un bazar, pero me dejó pensando un rato.
¿Quién será la tímida o el tímido? ¿Por qué no le gusto? ¿Por qué en vez de hablarme ha decidido escribir sobre mi coche? ¿Ha esperado a la calima para escribirme o si no hubiera llegado toda esta arena del desierto lo hubiera hecho por otro medio?
Y, sobre todo, ¿debo lavar el coche o dejarlo así esperando otro mensaje?
martes
Ligeras variaciones de lo retratado
Obsesionado por el exacto realismo de sus dibujos (que lleva a cabo simultáneamente a las mismas horas del día) no duda en introducir en sus bocetos ligeras variaciones de lo retratado en un principio (una escalera que no figuraba el día anterior, un par de botas, una camisa entre la ropa tendida, etcétera) que a la larga se convierten en indicios de un crimen.
Francisco Moreno, Crítica de El contrato del dibujante (The Draughtsman's Contract, Peter Greeneway, 1982)
Sin ganas
El marido de Agustina murió. No se lo dijo a nadie, pensaba que si nadie lo sabía, seguiría vivo.
Cuando le preguntaban por él las vecinas, Agustina decía que tenía hepatitis y no podía salir de casa, cuando preguntaba la familia les decía que se había vuelto muy huraño y no quería ver a nadie.
Cuando él mismo le preguntó por qué ya no salía nunca de casa, por qué ya no tenía ganas de tomar o de fumar, ni interés por nada, Agustina le dijo que los muertos no suelen tener ganas de nada, si acaso de tierra. Pidió que la avisara.
El marido de Agustina pidió descanso a los tres años.
Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas
Inventar tu propia vida
Cabe incluso inventar tu propia vida y presentar una distinta. Carece de trama, lo cual es un descanso que necesitaba después de tanto imperativo de la trama.
Enrique Vila-Matas
lunes
El dolor y el teatro
Era sábado noche y después de cenar tomamos un taxi. Me pareció un auto enorme, un modelo grande y elegante de una marca alemana que no recuerdo.
El chófer iba trajeado y hablaba con un acento suave e irreconocible, como los emigrantes de segunda generación. Lorenzo comenzó la actuación en cuanto cerramos las puertas. Era muy amable y me daba cierta lástima engañarlo.
— Necesito ir enseguida a una clínica dental, o un dentista particular, no somos de Buenos Aires, ayúdenos por favor.
El conductor quedó por un momento descolocado.
— No sé dónde llevarle señor, a estas horas las clínicas están cerradas.— Amigo, desde hace hora y media vivo en el infierno, lléveme a algún sitio donde puedan quitarme esta jodida muela. Me da igual un dentista que un barbero, pero llévenos por favor.— Si quieren puedo acercarles a una farmacia.— Nada de boticas. Estoy hasta arriba de analgésicos, necesito un dentista. ¿No hay dentistas en esta ciudad?— Déjeme mirar el celular a ver si hay alguno cerca que esté de guardia.
Lorenzo empezó a agitarse por el taxi, se pasaba las manos por los cabellos y después las ponía sobre su cara, cuando las retiraba estaba pálido y con los ojos morados y llenos de lágrimas.
El chófer se giró hacia nosotros.
— Hay uno en Junín, si lo desean le llamo, aunque no sé si atenderá llamadas a estas horas.— Llame por Dios — le supliqué mientras rodeaba con mi brazo derecho a Lorenzo.
La llamada surtió efecto, el chófer habló durante un par de minutos con alguien, lo hacía con delicadeza, pero consiguió la cita. Nos llevó por el camino más corto, se saltó algún disco en rojo y aparcó sobre la acera. Temí que Lorenzo se la jugara y le dijera que no tenía dinero o que todo era una broma, pero le estrechó la mano y le dio una propina desproporcionada.
A las dos y media de la madrugada un dentista de la embajada checa nos atendía en una pequeña consulta ubicada en su domicilio. Nos abrió la que parecía ser su esposa, una mujer de pelo rojo que salió abotonándose su bata de enfermera. Nos saludó con mucha amabilidad, y antes de pasar a la clínica nos extendió una factura.
— Disponemos de Visa y Master Card, pero si llevan pesos se lo agradezco.
La mujer hablaba un español demasiado neutro, casi como el taxista. Lorenzo sacó la cartera y dejó varios billetes sobre una mesita de caoba, la mujer sonrió, recogió la plata y dio las gracias pronunciando la ce sin esfuerzo.
En ese momento apareció el dentista, vestía una camisa azul cielo muy planchada y un pantalón beige sujeto por un cinturón caro. Parecía un actor de cine y, cuando llegó a nuestra altura, me sonrió, aunque solo le estrechó la mano a Lorenzo.
— Discúlpenme— dijo sonriendo— mi esposa y yo venimos del teatro, si llaman un poco antes no me hubieran encontrado.— ¿Qué han visto? — le preguntó Lorenzo, que ya había olvidado su muela.— ¡Ah! — sonrió el checo— ¿son aficionados al teatro? Para nosotros es la vida.— Mucho —dijo Roberto con rotundidad— puede decirse que estamos aquí por el teatro.— Creí que estaban aquí porque le dolía una muela.— Y me duele, pero es por el teatro.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
domingo
Salvar a la dama
— No se preocupe, detective, no tendrá que jugar al ajedrez para conseguir ninguna pista. Hablaré gratis.
A Darío le ofendió el comentario.
— ¡Qué lástima! es un ajedrez precioso y creo que necesita algo de acción, si se fija bien la dama blanca está engordando y los alfiles tienen aspecto de barriletes.
RF sonrió, pero no entró a la provocación.
— Si le gusta el ajedrez sabrá que un buen jugador nunca se sienta delante de un tablero antes de las tres de la tarde.— Me gusta el ajedrez pero no los protocolos ni las supersticiones.— Pues este caso que se trae entre manos, detective, me temo que está repleto.
RF le pidió a Darío que se sentara en el sofá mientras él lo hacía en otro a su derecha. La chica colombiana comenzó a recoger las piezas del tablero que estaban colocadas tal y como quedaron en la última partida, el rey negro estaba derribado frente a un caballo y una torre blanca.
— ¿Le dieron jaque con la torre?— Sí, anoche mismo, me avergüenza mucho morir bajo el acoso de una de las torres, fue como sucumbir por asedio.— ¿Y sus tropas?— Se entretuvieron tratando de salvar a su dama.
Darío se fijó bien, la dama negra no estaba en el tablero.
— Por lo que veo su dama hacía tiempo que estaba perdida.— Me refiero a su dama, detective, la mujer que ha perdido y que yo le puedo ayudar a encontrar.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
sábado
Al borde del abismo
Si escribo un libro sobre el vacío, entra todo, porque el vacío puede ser cualquier cosa. A Zubizarreta, el portero de fútbol, le preguntaron qué libro estaba leyendo y, ante mi estupor, dijo: “Exploradores del abismo”.
Y añadió que un portero es un explorador del abismo. Eso me pasaba a mí. Cualquier historia podía ser la de un explorador del abismo. Un portero de fútbol es un explorador del abismo porque ve avanzar hacia su portería, cuando está solo, el abismo compuesto por Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo y Romario.
Enrique Vila-Matas, entrevista con Joana Bonet
Viñeta de El Roto
Faberge
"Tenía un tablero de ajedrez en medio del salón, aquello me jodió mucho, rompía con su imagen y con su estilo, podía entender lo de la chica colombiana (finalmente no era de ningún país del este) vestida como si viviera en una casa inglesa, podía entender lo de los periódicos en el sótano iluminado con luces de neón, y las imitaciones de huevos Faberge, pero lo del ajedrez era indecente".
Darío
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
Etiquetas:
ajedrez,
Darío Varona,
detectives,
Lascano
Cosas de inspectores de homicidios
Darío escribió el nombre del cliente en su libreta de policía. Lo llamó RF para que ante una posible pérdida nadie supiera de él. Cosas de inspectores de homicidios, pensó.
RF tenía un rostro de esos que engañan, parecía más joven y menos rico de lo que era en realidad. También parecía casado y que engañaba a su esposa. No tenía. Llevaba lentes y tenía aspecto de hombre débil y olvidadizo. También esto era falso.
RF se enteró del caso de Lanús por la prensa. Le gustaba leer, tenía guardados ejemplares de diarios, sobre todo deportivos, en el sótano de su chalé, una casa de tejado rojo a dos aguas en un barrio residencial habitado por empresarios de medio pelo y futbolistas que ya no llegarían a saltar a Europa.
Darío aparcó su auto en la trasera del chalé y dio una vuelta a la manzana antes de llamar a la puerta. Pudo ver que llegaba un colectivo del que bajaron varias mujeres, a buen seguro empleadas de hogar camino de su trabajo. Una de ellas se dirigió a la residencia de RF. Parecía procedente de algún país de Europa del este, Darío la observó hasta que dio la vuelta a la manzana y desapareció.
Fue esa mujer la que le abrió la puerta cinco minutos después.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
Etiquetas:
Darío Varona,
detectives,
la casa del tejado rojo,
Lascano
viernes
Historia de un estilo
Pero la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo.
Vladimir Nabokov
Como caído del cielo
Hace un año nos dijimos el primer, hola. Un, hola con lengua y celestial. Un, hola, como caído del cielo. Como de fruta fresca, como de flor de piel, un hola, inofensivo pero que luego sería, lazo y broche y horquilla.
Encantado de conocerte, dije, lo mismo digo, dijo.
Después quedamos en ir haciendo nudos con las dos respiraciones y esto ya no hay Dios que lo desate. No hay remedio. En cada, hola hay una intensidad de, todo está saliendo bien. Muy bien. Hostia que bien.
Pepe Montero, No hay remedio
jueves
Estructura hipertextual
"La mejor web de escritor en su país. Despliega en ella una estructura hipertextual, paralela a la de sus novelas."
Le Monde
miércoles
lunes
La mirada interior
Falta la mirada interior y la mirada del pueblo, su protagonismo.
Lo que se ve ahora es el cine de la burguesía y de la clase media, pero que no expresa los sentimientos del pueblo.
Gerardo Vallejo
domingo
Corregir las cosas
La fantasía es la capacidad de corregir las cosas, o de mejorar las cosas, o de alterar las cosas en nuestro favor.
Rodrigo Cortés
Etiquetas:
Cine,
fantasía,
Rodrigo Cortés,
tiempo
Como dijo Goethe
Se cuenta la anécdota de que Brecht, cuando iba de pequeño al colegio, se divertía inventándose citas que evidentemente siempre atribuía a Goethe, sin que jamás le fuera discutida la paternidad de ninguna de ellas por parte de sus maestros.
Todo el mundo citaba a Goethe, todo el mundo leía a Goethe, y nadie se atrevía a correr el riesgo de no saberse su Goethe. “¿Buenos días!”, como dijo Goethe. O: “El hermoso mes de mayo”, como dijo Goethe. O: “Bebamos y cantemos”, como dijo Goethe.
Jordi Ibáñez, Galería de clásicos, Johann Wolfgang Goethe. La ironía del genio
sábado
Placer
Nadie sabía qué pasaba, un enjambre de niños entre diez y catorce años se arremolinaban en torno a Enrique el día de la semana en que acudía. Cada día lo hacía en una escuela diferente, de lunes a viernes, en Lanús y alrededores.
La policía tardó en acudir, primero llegaban tarde, después acudían al colegio equivocado, algún comisario equivocó el martes con el jueves porque si se fijan son dos días iguales, como si se vieran a través de un espejo.
Había niños que pedían los cigarrillos para su padre o para su abuelo, y había padres y abuelos que acudían a por su regalo. Otros le acusaron de pederasta y trataron de pegarle, cuando él solo quería cambiar algo de sus cortas vidas, imaginarlos escondiéndose de sus padres, fumando a escondidas en el cuarto de baño o en el balcón.
Imaginó patios, terrazas y balcones llenas de muchachos y muchachas fumando con placer y con culpa, que es la mejor manera de obtener placer.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
Etiquetas:
azar,
Enrique,
Lascano,
situacionismo
viernes
Las reglas son sencillas
¿Qué es la democracia si no la forma de gobierno en que el poder político es elegido por la audiencia?
Las reglas son sencillas y se aprenden con un rato de radio: nunca seas sincero con una dama, busca la banalidad del bien, llora si te dan un premio, presume de pobre, que tu equipo gane con pitada... Alardear de pobre es como alardear de enfermo, pero sin descuidar la taquilla: nadie está, de todos modos, escuchando.
Rodrigo Cortés, Bendita ilusión, ABC Cultura
Demasiadas películas
En el cine yo creía haber hecho muchas cosas y después resultó que ya habían sido hechas con anterioridad...
Este es un buen argumento a favor de mi punto de vista de que los directores no deben ver demasiadas películas.
Orson Welles
jueves
miércoles
Refugio
Un personaje de "Barcelona, Un mapa" busca sombras en la cuadrícula urbana inventada por Ildefosnso Cerdá.
Lo hace porque busca refugio.
Care Santos, Barcelona
Bebida a parte
Me gustaba hacer de todo, "chica para todo" lo llaman, aunque hay que tener cuidado con las palabras.
Hay trabajos en los que por un momento pierdes la noción del tiempo y del espacio, esos son los mejores.
Empecé repartiendo publicidad de un buffet en la Gran Vía. Me dedicaba a asaltar a los viandantes y prometerles el paraíso en forma de festín. Acabé sabiendo quién alargaría la mano y quién no, quién me miraría a los ojos y quién pasaría a través de mí como si fuera invisible. Es una experiencia sublime la de ser invisible.
En una ocasión decidí seguir a una parejita de treintañeros que me pasaron por encima sin ni siquiera mirarme. Eran turistas, avanzaron hacia Callao y bajaron por Preciados hacia la Puerta del Sol. A penas hablaban entre ellos, la chica se paraba en los escaparates y a veces comentaba algo, el chico solo asentía y caminaba con la mirada perdida, antes de llegar a Sol propuso comer algo. Ella sonrió y cuando se dio la vuelta allí estaba yo con mis flyers de la mano.
— Es un buffet estupendo —le dije— por 9,50 podéis comer todo lo que queráis, la bebida va a parte.
La chica tomó el papel y dijo gracias. El chico me miró desorientado. Me vi obligada a presentarme.
— Soy la de antes, la mujer invisible.— ¿Perdona?— Soy la mujer invisible, a veces me aparezco y ofrezco un deseo.— Disculpa, pero no tenemos nada.— No te pido dinero, es más te regalo un deseo. Si eres muy básico puedes pedirme un menú gratis en el buffet.— ¿Gratis?— Pero solo si eres muy básico. Si eres más complejo puedes imaginar algo más divertido.
La palabra divertido le gustó menos que menú gratis, tiró el flyer al suelo, agarró a la chica por el brazo y siguieron su camino.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
martes
Media docena más
Estudié todas las artes y ciencias de las que había oído hablar, e inventé media docena más de ellas.
C. Fort
Las figuras geométricas
Voy leyendo un libro y, como siempre ocurre, mientras uno lee a la vez va pensando en otras cosas y posiblemente esa sea la gracia de leer.
El pensamiento paralelo. Paralelepípedo. Las figuras geométricas y los copos de nieve.
Marta Sanz, Clavícula
lunes
Jaque
sábado
Lagunas existenciales
Albert Markovski está convencido de que el haberse topado tantas veces con el altísimo portero del edificio de apartamento de sus padres, en las más variopintas situaciones, es de todo menos causal.
Para averiguar el sentido último de esta cadena de acontecimientos decide ponerse en manos de dos detectives existenciales que investigarán todos sus movimientos para descubrir si hay alguna cósmica explicación al suceso.
Los dos investigadores, para llegar al fondo del asunto, tienen que inmiscuirse en la vida privada de los sujetos en cuestión, para ello contactan con el mundo laboral de Albert y descubren su insana rivalidad con Brad que está enamorado de Dawn, una despampanante modelo publicitaria.
Para hacer más llevadera la crisis existencial de su nuevo cliente deciden poderlo en contacto con Tommy, otro cliente/paciente obsesionado con la contaminación. ¿Llegarán juntos al fondo de sus lagunas existenciales?
Extrañas coincidencias (I Heart Huckabees, de David O. Russell, 2004)
Etiquetas:
azar,
Cine,
comedia,
detectives,
Metafísica
viernes
Devoradas por un pez
Unas cartas que accidentalmente habían caído por la borda de un barco fueron devoradas por un pez que fue pescado en Flushing, y de este modo llegaron a Londres, a las manos de su destinatario.
William Drummond
Nula corrección emocional
Porque en España siempre ocurren cosas, pues los españoles son de gatillo fácil, fuerte individualidad y nula corrección emocional.
Norman Lewis
jueves
Vivir cinco mil años
Solo diré que en el caso de vivir cinco mil años, me sería imposible olvidar hasta mi muerte aquellas siestas de verano: con aquella hembra anónima, múltiple como un pulpo, lenta y minuciosa como una babosa, flexible y perversa como una gran víbora, eléctrica y delirante como una gata nocturna.
Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas
miércoles
El misterio de la bañera
Jonás me contó que un día descubrió que su bañera tenía dos desagües. Inmediatamente pensó en Borges y en Millás, e imaginó a un hombre en todo igual a él —y a la vez en con todo a la inversa como ocurre con los espejos— que vivía en las antípodas o, y esto era más inquietante, en el apartamento de al lado.
Al pensar en su otro yo australiano o neozelandés Jonás se fijó en la dirección en la que giraba el remolino de agua de cada sumidero y, efectivamente mientras que el situado a su izquierda lo hacía hacia la derecha, el situado a su derecha lo hacía hacia su izquierda en una especie de broma física que le tuvo cavilando durante unos minutos sobre la dirección de las agujas del reloj y que acabó en un estornudo metafísico debido a que su cuerpo mojado estaba perdiendo temperatura.
Como era sábado, Jonás tuvo tiempo para tratar de solucionar el misterio de su bañera, primero estuvo haciendo memoria y enumeró los bares que visitó la noche anterior y lo que consumió en cada uno de ellos, llegó así a la conclusión de que tres cervezas, dos chupitos de color azul y tres copas sacadas de una botella etiquetada con el dibujo de un jefe indio mesoamericano, no eran motivo suficiente para aquella alucinación, ni siquiera tenía sensación de resaca ni su mente parecía especialmente afectada, es más la ducha le había sentado de maravilla y el desayuno sobre el que vertía estos pensamientos le estaba sentando mejor aún.
Decidió entonces echar su memoria más allá aún y se preguntó por qué nunca se había fijado en ese segundo agujero de la bañera, llevaba casi dos años en aquel piso y si bien es verdad que nunca se había dado un baño de los de taponar el desagüe, sí es cierto que se duchaba a diario, y eso eran muchas duchas para haber estado ciego.
Mientras mojaba la magdalena en el café con leche, Jonás reflexionó sobre la gente que vivió allí antes que él, recordaba que el piso se lo compró a una agencia, pero que allí le dijeron que había pertenecido a dos solteronas sobre las que se decían todo tipo de chismorreos, tenían una edad avanzada y cuando una de ellas murió, la otra vendió el piso y se fue a una residencia de ancianos.
Los chismorreos que Jonás había oído no pasaban de las insinuaciones a su sexualidad y a un estilo de vida que no se correspondía con el resto de propietarios. Jonás pensó que aquel podía ser un buen camino para su investigación y apuntó en un papel "antiguas propietarias", después bebió un sorbo de la taza y se abrasó el labio superior.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
Llegar a tiempo
Me alojé durante tres días en un hotel de Madrid. La supuesta escritora real atendía a la prensa en una de las salas del hotel y a los editores les pareció que era arriesgado que, tras las entrevistas, yo regresara a mi casa en Aluche. Por entonces yo vivía en Aluche.
Aquello fue maravilloso. Lo mejor eran las comidas y, aún mejor, las cartas que recibía cada noche y que los editores no se dieron cuenta de recoger.
¿Cómo podía tener aquella tipa tantos admiradores? ¿Cómo podían quererla tanto? ¿No se daban cuenta de que era una escritora tramposa? ¿un fraude?
Traté de responderles para aclarar las cosas, para que no me tuvieran tan en cuenta en sus vidas. Todas aquellas metáforas, aquellos adverbios, aquellas anáforas, aquellos símiles. ¡Toda aquella basura no podía llegar así a la pobre gente! Menos mal que (yo) estaba allí, que había llegado a tiempo.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
martes
La vuelta de lo impuro
La vuelta del barroco es la vuelta de lo impuro que opone la ilusión a la autenticidad.
Un mundo imaginal el que domina la simulación de la imagen.
Guy Scarpetta, L'impureté
Etiquetas:
barroco,
delirio,
extravío,
Iconografía
Exhibirse al máximo
Darío llegó a la conclusión de que la chica huía de alguien porque nada la relacionaba con la capital. No conocía a nadie, no estudiaba, no la esperaba ningún trabajo.
Para pasar desapercibida decidió exhibirse al máximo, se hizo actriz, fue bailarina en un club y los días de diario daba pases privados a los buenos clientes.
Fue uno de esos hombres para los que actuaba en exclusiva, quien se puso en contacto con Darío cuando estaba completamente perdido, buscando en clubs de alterne y preguntando a navajeros y camellos que hacían como si supieran algo de la chica que salía en los papeles.
Los chicos de la prensa le pisaban los talones, pero aquel golpe de suerte debía tener algún significado. Darío sabía que debía tener mucho cuidado. Lo primero era despistar a Carolina Suances.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
Etiquetas:
Carolina Suances,
Darío Varona,
detectives,
Lascano
Lucas y las viejas
Lucas conocía a las viejas en los parques. A veces en las iglesias o en los mercados. Muy rara vez en los cines.
— Tengo toda una relación de viejas y de lugares, Naza, podés preguntar lo que quieras.
Me daba un morbo tremendo saber de todo aquello, aunque no lo reconociera. Era aquella necesidad de saberlo todo sobre las viejas lo que me ataba a Lucas.
— En cada lugar hay un tipo distinto de viejas.— Ponme un ejemplo.— Las de los parques a menudo no tienen un peso en el bolso. No arriesgan mucho y suelen guardar algo en las casas. Las de la iglesia son una buena pieza de caza, pero muy peligrosas. Las de los mercados suelen se buena gente, es raro que denuncien.— ¿Y las de los cines?— Esas son las mejores.— ¿Te has puesto colorado? Tendrás que contármelo todo.— Sos una morbosa, Naza.
Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




















