domingo

La estación de los amores

"Patricia tenía que haber sido una de esas muchachas universitarias que se levantan temprano entre semana. Esas chicas que viven fuera de casa cuatro años y que cuando vuelven a su pueblo miran a sus amigas entre culpables y desvergonzadas.

[ … ] Si en la maraña de calles y colectivos que la llevaban hasta su facultad algún día se hubiera perdido, si algún martes hubiera llegado tarde, si, por ejemplo, hubiera perdido el 36 y subido al 37. Solo así hubiera tomado otro camino y quizás ahora sería una funcionaria de hacienda, una madre preocupada con dos hijos adolescentes y con un divorcio recién estrenado.

Hay otra Patricia viviendo en Buenos Aires a la que nadie ha empezado a olvidar. Otra mujer que acude a clases de baile con la esperanza de encontrar a alguien y que viaja en tren una vez al mes para alejarse de sí misma, como aquella otra Patricia que llegó hace años y que la espera en una estación que siempre llega."

La chica calló y me miró esperando algún comentario ingenioso, el auditorio me miraba sobrecogido tras una lectura estupenda. Los cuentos sobre muertas siempre funcionan. También las historias con trenes y estaciones.

Aguanté un silencio incómodo hasta que las respiraciones, las toses y los cuchicheos fueron espesando el ambiente.

Trataba de pensar, pero el cuento me pareció horrible, y sí, también me conmovió, pero fue solo por la lectura no por aquellas palabras cursis pegadas con cola de carpintero aguada, que colocaban pero no daban consistencia.

No tuve más remedio que ser cruel, aunque aquella chica fuera un encanto, que seguramente lo fuera.

— Gracias. Ahora entiendo por qué lo había olvidado.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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