El auditorio se quedó un instante a oscuras, apenas fue un segundo, pero hizo que todos diéramos un respingo y que cambiáramos nuestro estado de ánimo. Pensé en aprovechar la circunstancia y decir algo propio, algo que me sacara de una conferencia encorsetada y de una tanda de preguntas y respuestas que no interesaban ni al que las hacía ni, desde luego, a mí que las respondía.
— Esto es lo mejor que me ha pasado hoy. Creo que mi próxima conferencia la daré a oscuras.
Por suerte entre el público había voces más ingeniosas que la mía.
— Podías probar también a escribir a oscuras.
Fantaseé con esa idea y recordé a mis ciegas, deseé hablarle al auditorio de ellas, pero temí que pensaran que toda la historia era una mierda de metáfora, así que pedí disculpas y volví a mi papel de escritora que escribe para vender. Era un papel cómodo y la comodidad es como estar muerto, no es emocionante, el tiempo no es importante y es siniestramente agradable.
Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas
No hay comentarios:
Publicar un comentario