Hace unos años, cuando era más ingenuo, quise dar una clase sobre el silencio.
La preparé con mucho cuidado. Escribí y reescribí un guion con muchas notas, con muchos ejemplos, con mucho interés.
Tenía pensado llegar, sentarme delante de mis alumnos y no decir nada durante diez minutos. Lo hice.
Después esperaría a que alguno dijera algo para empezar. Ninguno dijo nada.
Pensé, recuerden que por entonces yo era muy ingenuo, que todo estaba saliendo bien, mejor incluso de lo que pensaba, y seguí callado. Alguien más listo que yo dijo en alguna ocasión que lo excelente a menudo es enemigo de lo bueno. Y aquello fue excelente. La clase duró cincuenta y cinco minutos y nadie dijo una sola palabra.
Cuando terminó salimos todos en silencio.
No me permitieron dar clase nunca más en aquel centro, todo fue tan bien que el silencio continúa.
Roberto
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