miércoles

La espera de Lucio

En contra de lo que cualquier escritora pudorosa pudiera decir. Lucio no era repulsivo. Sus manos no eran gruesas y ásperas y su cabello no era grasiento. Es cierto que olía mal, pero era por culpa de los cubos de basura donde se escondía.


Cuando yo volvía casa por las noches lo imaginaba bajando de su casa con cualquier excusa, metiéndose en el cuarto de la basura y esperando a que yo llegara en medio de el olor y de la oscuridad. ¿En qué pensaría Lucio durante todo aquel tiempo? 


Se entretendría recordando los partidos de San Lorenzo o quizás solo escuchaba, muy atento, los ruidos del portal, a la gente que subía o bajaba, al ascensor chirriando y el reloj de la escalera corriendo, desbocado en su cuenta atrás.


Seguro que su ritmo cardiaco se aceleraba tanto como el mío cuando se acercaba la hora, seguro que él también tenía miedo cuando me oía abrir la puerta del portal.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


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