La afición de Ricardo Risueño
Ricardo Risueño hacía cosas que nadie esperaba de él. Debe ser por eso que me gustaba.
En una ocasión arrojó billetes desde el balcón de su departamento. Se trataba de la pensión de su vieja, no había discutido, ni había tomado demasiado, ni estaba enfermo, simplemente una tarde se levantó de una larga siesta y fue directo a una cajita de bombones donde la madre guardaba el dinero, agarró un puñado de pesos, abrió la puerta del balcón y los tiró.
No terminó ahí esa afición. Días después tiró toda su ropa y en verano arrojó sus libros, entre ellos uno que yo le había regalado. Aquello me gustó más aún que lo de la plata.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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