lunes

Migas y pelusas

La casa tenía un olor indeterminado, a Darío le recordaba algo, pero no lograba recordarlo. Tuvo la intuición, seguramente equivocada, de que en ese olor estaba la solución del caso.

"Es como una golosina de las que comíamos de pequeños, una mezcla de glucosa, aroma de frutas, picante..." Olía más en el living. Darío se colocó unos guantes azules, de goma que tenían algún agujerito en los dedos índices de cada una de las manos lo que los hacía inservibles.

Retiró unos cojines con bordados de paisajes supuestamente paradisiacos. Pensó en la chica tumbada en una de esas playas bajo una de esas palmeras. Metió la mano entre las almohadas y el respaldo del sofá, sabe que ese lugar nunca falla.

Entre migas y pelusas logró sacar tres monedas, dos horquillas para el pelo, una negra y otra azul, una chapa de un botella de cerveza y un envoltorio de un preservativo. Lo metió todo en una de esas bolsitas transparentes.

Después se fijó en la mesita del café, había muchas miguitas que a simple vista no decían nada, pero que seguro dibujaban algún grupo de planetas de alguna galaxia presente, pasada o futura. Darío sonrió pensando en su galaxia y le hizo una fotografía con el celular antes de recoger las migas en otra bolsita transparente.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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