miércoles

Imposible

Hace unas semanas mi amiga Isabella Rimini lanzó esta pregunta a sus alumnos y alumnas de español.

Parece una pregunta inocente, pero cuando Isabella fue un poco más allá y preguntó las razones de que cada uno eligiera una palabra y no otra, los alumnos empezaron a enredarse en explicaciones, a perderse entre significados, a hablar de sus preferencias en razón a distintas  evocaciones o, incluso, a la simple (y maravillosa) sonoridad.

Descubrieron que una palabra no significaba lo mismo para cada uno de ellos, por tanto descubrieron también que cada uno estaba construyendo su propio idioma y, por tanto, a menudo estaban entendiendo y explicando asuntos distintos usando las mismas palabras.

Me decía Isabella que entre las conclusiones a las que llegaron, la más aplaudida fue la de crear un diccionario personal que explicara a los demás qué entendían, qué veían, qué sentían con cada palabra pronunciada. Eso, claro está, era imposible, pero imposible fue, precisamente, una de las palabras más votadas entre las favoritas.


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