Pierde a los amigos del cole y de la calle, pierde a los abuelos que se van sin hacer ruido y después a los padres que se llevan parte de ti. Puedes perder muchas más cosas, los juguetes de la infancia, los libros de la adolescencia o cosas más grandes como tu perro o tu gato, tu casa y tu trabajo, tu poco de dinero o todo lo que has acumulado vendiendo tu tiempo.
(Aunque digas que tú no, vas a perder el tiempo).
También, desde jovencito, perderás a las mujeres, también jovencitas y, después, perderás a tu mujer.
Desde el principio te preparas para perderlo todo, no lo sabes, pero lo intuyes. Y un día, cuando estás cerca de perderte a ti mismo, ya no te importa, lo has ensayado tantas veces y te queda tan poco por perder.
Terry Salgado
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