Quería entender cómo tres huérfanos procedentes de la misma nación, porque mis padres también fueron niños abandonados —mi madre fue acogida por monjas gallegas; mi padre era hijo de una prostituta de Bilbao—, acababan formando una familia en la Francia de los ochenta.
El problema fue que casi no tenía información. Si pude empezar a escribir el libro, fue gracias a los registros civiles.
María Larrea
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