Estuve año y medio cenando dos veces.
Fue durante la época en que conocí a Sandy (es un nombre inventado), una mujer que siempre pensé que había conocido en la oficina pero que, años después, cuando nos encontramos en el aeropuerto y recordamos los viejos tiempos, me dijo que me había hecho una película en mi cabeza, que en realidad nos conocimos en una cafetería donde yo iba a desayunar todas las mañanas.
Desayunaba y cenaba con Sandy, después, como digo, cenaba otra vez con mi mujer porque siempre hacía cenas muy elaboradas y muy ricas y le encantaba que los dos comiéramos frente al televisor. Yo odiaba todo aquello, pero cuando llegaba a casa estaba tan lleno de Sandy, tan saturado de Sandy que no me importaba poner el piloto automático y ver la televisión, y volver a cenar, o lo que hiciera falta.
Años después de divorciarnos mi esposa y yo volvimos a vernos en un funeral, yo había tomado unas copas esa mañana y me acerqué a ella con media sonrisa, y no sé porqué le recordé lo de las cenas y la televisión y ella me dijo que tenía un falso recuerdo, así lo llamó "falso recuerdo", que nosotros dos nunca veíamos la tele por la noche.
— ¿Entonces, qué hacíamos por las noches?
Ella sonrió y me invitó a desayunar.
Terry Salgado
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