La primera vez que lo vi de cerca tenía una lágrima tintineante en el ojo izquierdo. Me pregunté si le pasaba algo o si la tenía siempre y no me había fijado.
La tenía siempre.
El Soca era una especie de dibujo animado japonés por el que había pasado mal el tiempo, sus ojos eran grandes y se humedecían con el frío, no con las emociones. Su cabeza era más grande de lo normal y su cabello podía pasar por alborotado, pero solo estaba mal peinado.
A veces explicaba dando vueltas por el aula, podías oír sus pantalones de tela mala rozando el interior de sus piernas según avanzaba, podías sentir acercándose sus palabras un poco huecas, cercanas al acento cubano, pero con el tonillo final áspero y mate de los hombres que no han sabido buscar y no han encontrado nada.
Nazaré Lacano, Cuentos de Parque Chas
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