La doña presumía de lo que presumen todas las escritoras que no les gusta más que leerse así mismas o lo que escriben otros sobre ellas.
Decía en los dosieres que le gustaba la novela rusa y que disfrutaba mucho con las novelitas de kiosco, las pulp que su padre y su abuelo leían de pequeños y con las que le pasaron el amor por la lectura.
Por esa razón la doña creaba personajes maniqueos, llenaba las páginas de manchas de sangre y sudor y perfilaba a sus mujeres con piernas largas y tacones altos.
La altura no es algo que se elija, la altura se tiene.
Esa frase no es mía, es de uno de sus hombretones de puños de hierro y entrepierna abultada que asaltan los capítulos de una novela que tuvo más lectores que lectoras.
La doña no sabe que lo pulp solo tiene lugar en los barrios y que allí sabemos que no tiene gracia.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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