Encontraron a la presunta asesina comprando en una tiendecita de barrio. Preguntaron a una vecina junto al portal y, tras dudar un segundo, les indicó dónde estaba.
— Ha sufrido mucho, no le hagan nada.
Darío y su compañero entraron en la tienda y esperaron su turno. La mujer estaba en la otra punta del mostrador revisando un docena de huevos para asegurarse de que ninguno estaba roto. La tendera les atendió con desconfianza.
— Buscamos a una mujer que se llama Inés Martell.
— No sé, no conozco a mis clientas por el apellido.
Inés se acercó a ellos con la caja de huevos.
— Mariela, hay dos rotos.
Darío la miró. Era más joven de lo que había imaginado, su cabello era muy moreno y lo llevaba suelto, no tenía aspecto de haber matado a su marido.
Le dejaron sitio para que la dependienta revisase la caja de huevos. Darío carraspeó antes de hablar.
— ¿Es usted Inés Martell?
Inés le miró con amabilidad, pero fue la tendera la que habló.
— Espere un momento, estoy atendiendo a la señora.
Darío dejó que acabara de hacer la compra y después le pidió la documentación.
— ¿Me permite ver su carné de identidad?
— No lo llevo encima, pero yo soy quien buscan.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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