Solo adecuadas para el burdel
En su extraordinario The book of lost books (El libro de los libros perdidos, 2005), Stuart Kelly estudia los casos de destrucción de textos por parte de algo más de ochenta autores cuyas obras distribuye en cuatro epígrafes que funcionan como una tipología de la sustracción, ampliando cuanto he propuesto hasta aquí para incluir ya no solo los libros destruidos, sino también aquellos “perdidos”, “inconclusos”, “jamás iniciados” e “ilegibles”.
Así, de las dos mil obras catalogadas de Lope de Vega solo sobrevivió una cuarta parte; de Edmund Spencer se perdieron unas catorce obras con títulos como “El pelícano agonizante”, “Sus sueños”, “El poeta inglés” y “El infierno de los amantes”; de William Shakespeare se perdieron las piezas “Love’s labour’s won” [Trabajos de amor recompensados] y “Cardenio” y de Ben Jonson, “Robert II of Scotland” [Robert II de Escocia], “Page of Plymouth” [El paje de Plymouth], “Richard Crookback” y “Hot anger soon cold” [La ira caliente se enfría pronto] (Kelly 177); de Jean Racine se perdieron las piezas “Les Amours d’Ovide” [Los amores de Ovidio], “Amasie” y “Théagène et Chariclée” [Théagène y Chariclée] (Kelly 211). George Gordon, lord Byron escribió unas “Memorias” que su editor quemó por considerarlas, al igual que el crítico William Gifford, “solo adecuadas para el burdel” (Kelly 275).
Patricio Pron, El libro tachado
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