España había encharcado el campo de gasolina con una red monstruosa de pases que fingían ser inocuos; en cuanto Morata prendió la mecha Turquía ardió como una iglesia.
Y hacia ella, olfateando, se acercaron los españoles a recoger el botín. Donde hay Dios, se decía en el medievo, hay sexo; las obras de los templos atraían a los albañiles, como las gaviotas a los tiburones.
Manuel Jabois, El País
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