martes

Piezas


Darío en su simplicidad, recordemos que era un ser esencialmente simple, se dirigió a la ferretería a buscar a indagar, a tratar de saber si aquellos vómitos recurrentes procedían de la dependienta.

La chica estaba enfundada en una bata azul oscura, como es norma entre los ferreteros, cuando entró Darío estaba atendiendo a un cliente de manos gruesas y ennegrecidas, un cerrajero, o un mecánico que hablaba con seguridad de piezas de las que Darío no había oído hablar jamás.

Todo parecía muy complicado, pero no le dio importancia porque, desde pequeño, cualquier mecanismo le parecía complicado.
Esperó a que la chica acabara de atender al mecánico. Cuando se miraron se sonrieron, la muchacha se pasó la mano por la trenza. Siempre peinaba una trenza muy larga y apretada.

Darío le preguntó si se encontraba bien y la chica pensó que se preocupaba por ella.

— ¿Viene a por su frasquito de aceite?
— ¡Vaya! Se acuerda de lo que pido, seguramente para vos soy el tipo del aceite.
— Poca gente compra esa marca.
— Hoy no vengo por el aceite.

La chica pensó que iba a decir "Hoy vengo por vos", pero al ver que callaba tuvo que tomar ella la palabra.

— ¿Qué necesita?
— Necesito que me responda a algunas preguntas.

Aquello cada vez pintaba mejor. La dependienta volvió a tocarse la trenza y notó cómo sus lentes se empañaban.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas




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