domingo

Telas de araña

Desde que era chica tuve una atracción enfermiza por Spiderman. Recuerdo con nitidez los días en los que ponían los dibujos animados en la tele y el olor de sus cómics nuevos.




Era una atracción que iba más allá de la figura del superhéroe, era algo casi místico, yo soñaba con que Spiderman estaba en algún lugar de Buenos Aires, estaba claro que una ciudad como esta necesitaba de un héroe como él. Sentía que podía conocerle, que bajo un nombre falso ¿quizás Pedro? y una apariencia de chico tímido y desgarbado se escondía un personaje que iba a salvarme a mí, a Buenos Aires y al mundo de la maldad y del sufrimiento.

Yo fui creciendo, como todos, y me dediqué a soñar otras cosas, pero nunca olvidé a Spiderman. Pensando en él entiendo un poco a los católicos, si tienes la certeza de que alguien sobrenatural está a tu lado, hay una especie de conexión con el destino que anula lo azaroso y marca tu camino aunque sea a través de las telas de araña. 


Todo adquiere sentido, aunque detrás solo haya alguien disfrazado de arácnido.



Cientos de veces, incluso hoy en día, he sentido que Spiderman me ayudaba, que, como Cristo, si lo necesitaba bajaría de lo alto de un edificio y me rescataría. 

Es cierto que en muchas ocasiones, la mayoría, Spider no llegaba a tiempo y yo terminaba bajo las ruedas de un auto, pero si alguien tiene el detalle de escribir nuestro destino solo podemos dar las gracias.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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