martes

Caja de sorpresas

¿Sabes, Roberto, que tuve un amante, durante año y medio?

Fue una época de uno y medio. Yo era una y media y él también, y la habitación en la que nos veíamos y el tiempo que robábamos para estar juntos.

Yo conocía a su mujer, y me caía bien, eso en vez de hacerme sentir culpable me gustaba más. Desde pequeña me gusta estropear cosas, me recuerdo suspendiendo exámenes a propósito, dejando preguntas en blanco que había estudiado hasta la extenuación.

También tengo recuerdos aislados de dejar muñecas olvidadas a propósito en un banco del parque, y llorar desconsolada cuando llegaba a casa, y luego dormir muy tranquila. 

Se llamaba Álvaro, tenía mi misma edad, lo había conocido en la facultad y luego habíamos coincido en un par de congresos, los dos nos dedicábamos a lo mismo, pero estábamos en empresas distintas, la suya era mejor, la mía maltrataba a los empleados y era un sálvese quien pueda, había que traicionar, saltar por encima, dar codazos. Había un ambiente repugnante en el que yo me movía con comodidad, en una ocasión me apropié del informe de un compañero recién llegado, le engatusé como si fuera la actriz de una película mala, pobre, no me hizo falta más que un buen escote y un par de insinuaciones, me regaló su trabajo y acabé ganando una buena comisión de productividad.

Nunca me ha gustado redactar informes, prefiero tomar prestada la información, investigar, husmear en los móviles y en los email de los demás. Soy una experta adivinando claves. Si conozco al titular puedo entrar en cualquier correo. Me bastan un par de datos, una pequeña conversación, ver cómo viste o qué pide en el almuerzo.
 
Así entré en la vida de Álvaro, le conocía de la facultad, sabía de dónde era, quienes eran sus amigos, dónde se sentaba qué notas tenía, su empresa, su coche, lo que ganaba. Fue vergonzosamente fácil.

Y su correo una caja de sorpresas.

Lidia Galdós



No hay comentarios: