Y a Julia, la chica de los periódicos, se le rizaba el pelo dándole un aspecto de mujer madura, recién salida de la peluquería. Podía imaginármela en diez o quince años esperándome para hacer la compra, un sábado por la mañana en la cafetería del centro comercial acompañada de nuestros dos niños, con el pelo recién lavado, cortado y peinado.
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