martes

Caja de sorpresas

¿Sabes, Roberto, que tuve un amante, durante año y medio?

Fue una época de uno y medio. Yo era una y media y él también, y la habitación en la que nos veíamos y el tiempo que robábamos para estar juntos.

Yo conocía a su mujer, y me caía bien, eso en vez de hacerme sentir culpable me gustaba más. Desde pequeña me gusta estropear cosas, me recuerdo suspendiendo exámenes a propósito, dejando preguntas en blanco que había estudiado hasta la extenuación.

También tengo recuerdos aislados de dejar muñecas olvidadas a propósito en un banco del parque, y llorar desconsolada cuando llegaba a casa, y luego dormir muy tranquila. 

Se llamaba Álvaro, tenía mi misma edad, lo había conocido en la facultad y luego habíamos coincido en un par de congresos, los dos nos dedicábamos a lo mismo, pero estábamos en empresas distintas, la suya era mejor, la mía maltrataba a los empleados y era un sálvese quien pueda, había que traicionar, saltar por encima, dar codazos. Había un ambiente repugnante en el que yo me movía con comodidad, en una ocasión me apropié del informe de un compañero recién llegado, le engatusé como si fuera la actriz de una película mala, pobre, no me hizo falta más que un buen escote y un par de insinuaciones, me regaló su trabajo y acabé ganando una buena comisión de productividad.

Nunca me ha gustado redactar informes, prefiero tomar prestada la información, investigar, husmear en los móviles y en los email de los demás. Soy una experta adivinando claves. Si conozco al titular puedo entrar en cualquier correo. Me bastan un par de datos, una pequeña conversación, ver cómo viste o qué pide en el almuerzo.
 
Así entré en la vida de Álvaro, le conocía de la facultad, sabía de dónde era, quienes eran sus amigos, dónde se sentaba qué notas tenía, su empresa, su coche, lo que ganaba. Fue vergonzosamente fácil.

Y su correo una caja de sorpresas.

Lidia Galdós



Cotidianidad

Mis proyectos reflejan elementos que la mayoría de las veces no provienen del arte sino de la cotidianidad. 


No hago más que hablar de lo que pasa en nuestra realidad diaria.


Antoni Muntadas

lunes

Cenizas en la cara

 
—Bueno, es igual que ese chisme de que la última voluntad de padre fue que arrojaran su busto a la bahía de Vancouver y que esparcieran sus cenizas sobre el agua, y que James y Thomas se subieron al bote y los dos tuvieron que ponerse a darle golpes al busto con los remos porque era hueco y no se hundía, y los cogió una tormenta cuando estaban allí y empezó a soplar el viento y les echó las cenizas a los dos sobre la barba.

—Nunca le hicieron un busto a padre, Anne. Y no recuerdo que estuviera nunca en Australia.

—Eso es lo que quería decir, cómo surgen los chismes.


William Gaddis, Jota Erre

domingo

El alma

No tenemos mucha preocupación por la belleza, eso nos pasa a los españoles y a las españolas. 


Eso al final ensucia el alma.


Manuel Vilas

Realmente cierto

He llegado a comprender que las palabras "realmente cierto" significan cada vez menos para mí con el paso del tiempo. 

¡Las palabras no pueden reproducir la realidad! 

Siento que tienen diferentes efectos en diferentes lectores y distintos resultados que la realidad misma.

Tao Lin, entrevista en la Revista Cactus

sábado

Maleta de caminos abiertos

Visitarla es una aventura de la que se sale tan inquieto como fortalecido, con una maleta de sugerencias y caminos abiertos.


viernes

Durmiendo en los laureles


Estoy tan asustado como agradecido, agradecimiento al azar, al hermoso y tembloroso azar, rey de las cosas sin que él lo sepa. Nosotros le otorgamos ese trono y él ni siquiera se sienta en dicho trono, pues se queda durmiendo en los laureles todo el santo día, ajeno a su reino, macerándose en las nubes, en su indolencia inescrutable.

Tengo que marcharme de Madrid, hacia un lugar bello. Cierro ventanas. Cierra todas las ventanas, me digo a mí mismo. Oye las bisagras, oye la acción de las cremonas, echa las persianas, despídete.

Manuel Vilas, Los besos

jueves

La vida se resiente

chicadecente, agost. 24th, 2021 at 02:11 to: robertopintado@hotmail.com


Buenas noches Roberto.


Te escribo indignada ¿dónde te metes? ¿por qué no sabemos nada de ti durante estos días? ¿acaso te has ido de vacaciones y no has pensado en dejarnos nada que echarnos a la boca?


Estoy realmente enfadada, y seguramente he bebido de màs porque mira las horas que son, más de las 2 y estoy con una copa tirada en el sofá viendo películas viejas y mirando tu blog cada cinco minutos. ¿No nos habrás dejado? ¿O te ha dejado a ti Nazaré y por eso no tienes nada que escribir? 


Los veranos son complicados cariño y la vida en pareja se resiente en vacaciones.
¿Has sido capaz de salir de Madrid? No te imagino tomando el sol  en la playa, ni en un hotel de Benidorm. pero el caso es que has desaparecido y yo llevo tres copas esta noche.


Ten piedad de tus lectores, ¡¡ten piedad de mi!! Si no vuelves iré a por ti.


Besos.

Caminos que jamás recorreremos

Detrás de cada ventana hay un mundo. El mundo particular de una persona o el mundo particular de una familia. Y en los mundos distintos de tantas ventanas siempre habrá un lugar donde se esconden maneras de vivir que nunca imaginamos, caminos que tal vez jamás recorreremos, que pueden despertar fantasías, temores y anhelos ocultos que llevamos dormidos.

Es un mundo íntimo, que cada uno lleva "debajo de la piel", y cuyas "ventanas" son nuestros sentidos, nuestras actitudes, nuestros gestos y nuestras palabras. Se trata de un mundo que, más allá de los innumerables aspectos que suele adoptar, es el reino indiscutido de dos grandes señores —el sexo y el dinero—  que, estrechamente relacionados entre sí, funcionan como los motivos poderosos que alimentan su movimiento.

Luis Chiorizza, Intimidad, sexo y dinero

lunes

La tecnología de la repetición

Creo que la verdad dicha una sola vez no genera su aceptación, esta idea es puro canterismo.

La verdad ha de perdurar en el tiempo a través de su repetición.

Canter descubrió la tecnología moral de la repetición (Manual Tercero, página 163: "El ser humano olvida la verdad, hay que repetirla e investigar en la tecnología de la repetición; una agresiva tecnología de la repetición puede mantener viva cierta estela de la verdad; por triste que sea, la conciencia humana se entrega enseguida a la mentira, o al olvido, que son lo mismo. 

Hay que crear noevis de la repetición. Látigos constantemente en movimiento, veinticuatro horas al día, para que la verdad no se pierda o se olvide. Dios es repetición e intensidad de la repetición, hasta que la repetición se transforma en omnipresencia o incluso en omnipotencia").

Manuel Vilas, España

Mirando

Sin caña fuiste a pescar/ y te quedaste colgado/ mirando el agua pasar.


Santiago Auserón, Charla del pescado

sábado

Pudrirse sin resistencia

Se llamaba Ramón. Venía a casa a menudo, discutía de fútbol y de caballos con el viejo, eran muy amigos desde siempre. Algunos años íbamos de veraneo con él, recuerdo meterme en el mar agarrada de su mano.


El viejo y él se conocían desde chicos, tenía la sonrisa siempre en la boca y uno de esos bigotes como los que llevaban los futbolistas antiguos.


A veces yo llegaba a casa de la escuela y él ya estaba allí, en el living, como un padre de repuesto mientras el viejo estaba en el laburo y mamá iba y venía por la casa canturreando con su delantal blanco.


Un día dejé de verlo. Por entonces mi imaginación ya se disparaba y empecé a imaginarlo en el fondo del mar envuelto en una tela blanca, o enterrado en nuestro jardín con un golpe de pala en la sien. 


La imagen de Ramón se fue diluyendo, yo nunca pregunté nada y a base de no hablar de él conseguimos que su cadáver se fuera pudriendo sin resistencia.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


viernes

Metamorfosis

La vida íntima se inventa —el concepto "vida íntima" es invención también—  y, al recrearla a través de la escritura, se transforma: esa metamorfosis constituye su esencia.


Marta Sanz, Ni hablar


martes

El tiempo resbala

Hubo un momento en el que el joven Wolfgang dio un resbalón en aquel suelo tan pulido, y la princesa adolescente y futura reina de Francia, María Antonieta, le ayudó a levantarse. 

Agradecido por aquel gesto, Wolfgang anunció que se casaría con ella.

Gabriel Jackson, Mozart. Vida y ficción

Teléfono directo

Johann Sebastian Bach entendía la música de manera ecuménica, su música funciona como un teléfono directo con Dios.

Riccardo Chailly

lunes

Sospechosa

Dina vivía en un piso con un balcón enorme.

Era un cuarto o un quinto y nos pasábamos las tardes de verano tirando piezas de fruta a la calle.
Tratábamos de darle a la gente que pasaba y después nos escondíamos, en silencio, pero muy excitadas el interior de casa. Corríamos hasta el ultimo cuarto y nos metíamos bajo la cama. 

Era un bloque muy grande y era difícil saber de dónde venían las piezas de fruta, pero una de las viejas del rellano empezó a sospechar de nosotras, se colocaba detrás de la puerta y amenazó con contárselo todo a los viejos de Dina. 

Al día siguiente invitamos a otra niña al departamento, preparamos la fruta y Dina y yo salimos a la calle. Nos dedicamos a dar voces, a cantar y hacernos ver. Cuando subió una de las persianas y alguien pidió silencio, la niña del departamento comenzó a tirarnos la fruta a discreción.

Chillamos, lloramos, a Dina le dio un durazno en la cabeza y a mi se me llenó la camiseta de manchas de tomate.

La vieja del rellano era ahora la sospechosa.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


Nostalgia del porvenir

Los días de lluvia eran especiales en el aeropuerto.

Los chicos que trabajaban en la pista se debían colocar unos impermeables amarillos que les daba una aspecto inquietante. Los pasajeros estaban especialmente excitados con una mezcla de miedo y nostalgia por tener que volar en medio de la lluvia. 


Y a Julia, la chica de los periódicos, se le rizaba el pelo dándole un aspecto de mujer madura, recién salida de la peluquería. Podía imaginármela en diez o quince años esperándome para hacer la compra, un sábado por la mañana en la cafetería del centro comercial acompañada de nuestros dos niños, con el pelo recién lavado, cortado y peinado.

Los días de lluvia provocaban en mí una especie de melancolía sobre lo que estaba por venir.


Terry Salgado, El informe amarillo

Llamadme Ismael

—No puedo creerlo, lo había jurado sobre la Biblia.

—Bueno, eso parecía. Si el juez se hubiera fijado se habría dado cuenta de que en realidad era una copia de Moby-Dick

Idgie Threadgoode y Ruth Jamison en Tomates verdes fritos (1991)

La travesía

En el apartado de desaparecidos hay un capítulo especial para las coincidencias de los vasos de leche.

Marcelo vivía en una casa alquilada de dos plantas en Chacarita, cerca de avenida Córdoba, tenía una mujer muy hermosa que se llamaba Marcela y que había nacido el mismo día que él, un 13 de julio. Los abuelos de ambos habían llegado desde Italia en el mismo barco y, aunque eran de pueblos distintos habían vivido, sin conocerse, en la misma calle de Nápoles desde un año antes de la partida. 

El barco en el que cruzaron el Atlántico se llamaba Antonina.

Desde el primer año de matrimonio Marcela comenzó a sufrir una enfermedad que no sabía qué era ni de dónde le llegaba. Marcela se pasaba los días metida en la cama llena de tristeza.

Marcelo era dependiente de comercio en una tienda de alimentación, todas las tardes a su vuelta a casa subía los escalones de madera, entraba en casa y se dirigía al dormitorio donde su mujer dormitaba.

 La historia tiene demasiados datos, no es creíble.
Todo esto lo he sacado de los diarios y de la correspondencia privada de la época explicaba Jonás muy acalorado es todo comprobable.

Marcelo se quedaba un instante mirando la hermosura de su mujer, sus cabellos rojos sobre la almohada blanca, sus manos blancas mimetizadas sobre las sábanas. Después salía del cuarto e iba a la cocina donde le preparaba un vaso de leche que llevaba al dormitorio.

Demasiado blanco todo... ¿Cuándo se descubrió que la envenenaba?
Se descubrió mucho tiempo después Naza, y él no la envenenaba, era la leche que traía de la tienda que estaba en malas condiciones.
De cualquier forma la envenenaba, y no veo la casualidad que dices por ninguna parte.
Naza por Dios, déjame que termine, ¡si no hay más que casualidades!
¿Por qué la envenenaba? ¿Tenía una amante?
Marcelo tenía una compañera de trabajo.
Su amante.
Esa mujer estaba encaprichada con Marcelo y era la que le servía todos los días la botella de leche para Marcela.
¿Se liaron?
Acabaron liándose, pero después de la muerte de Marcela.
Esa mujer, qué lista ¿y cómo la pillaron?
Sedujo demasiado pronto a Marcelo. En menos de un mes ya vivía con él.
—Bueno, por lo menos le dieron buen uso a la cama de sábanas blancas.
—¡Y tanto! Antonina quedó embarazada durante esos días.
¿Cómo has dicho que se llamaba?
Antonina.
— ¡Toma ya! Como el barco en el que llegaron los abuelos a Buenos Aires.
Y no solo eso, la abuela de Antonina también llegó en ese barco.
Ahora todo va encajando
Y fue la amante del abuelo de Marcela durante la travesía.
Fabuloso.
No creas, no fue nada romántico, fue un intercambio, él le pagó el billete.
¿Qué decís?
—Estaríamos ante la venganza de la nieta.
Y esto solo es el principio me temo.
Sí Naza, tengo toda una madeja de causas y azares que convergen en el asesinato de Chacarita.
Y ahora tú y yo aquí, como dos pasmarotes.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas





domingo

Telas de araña

Desde que era chica tuve una atracción enfermiza por Spiderman. Recuerdo con nitidez los días en los que ponían los dibujos animados en la tele y el olor de sus cómics nuevos.




Era una atracción que iba más allá de la figura del superhéroe, era algo casi místico, yo soñaba con que Spiderman estaba en algún lugar de Buenos Aires, estaba claro que una ciudad como esta necesitaba de un héroe como él. Sentía que podía conocerle, que bajo un nombre falso ¿quizás Pedro? y una apariencia de chico tímido y desgarbado se escondía un personaje que iba a salvarme a mí, a Buenos Aires y al mundo de la maldad y del sufrimiento.

Yo fui creciendo, como todos, y me dediqué a soñar otras cosas, pero nunca olvidé a Spiderman. Pensando en él entiendo un poco a los católicos, si tienes la certeza de que alguien sobrenatural está a tu lado, hay una especie de conexión con el destino que anula lo azaroso y marca tu camino aunque sea a través de las telas de araña. 


Todo adquiere sentido, aunque detrás solo haya alguien disfrazado de arácnido.



Cientos de veces, incluso hoy en día, he sentido que Spiderman me ayudaba, que, como Cristo, si lo necesitaba bajaría de lo alto de un edificio y me rescataría. 

Es cierto que en muchas ocasiones, la mayoría, Spider no llegaba a tiempo y yo terminaba bajo las ruedas de un auto, pero si alguien tiene el detalle de escribir nuestro destino solo podemos dar las gracias.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

viernes

Siete vuelos

Siete vuelos al día parece que no son muchos, pero ¿se han parado a pensar la cantidad de pasajeros haciendo algo y tan antinatural como viajar en siete vuelos?

Hacer y deshacer maletas, comprar pasajes, pasar por el control de acceso, sacar los pasaportes, tomar un café mientras esperan el embarque, hacer cola, entrar en la cabina, buscar asiento, sentarse y, lo más fácil, volar que, básicamente, es tener confianza en la tecnología y dejarse llevar.

Conseguí el trabajo de responsable de equipajes perdidos gracias a un viejo amigo al que no he vuelto a ver, a veces pienso en él y sonrío al imaginarlo desaparecido entre las maletas.

Por aquella época la ley de transportes decía que todo aeropuerto comercial debía tener un departamento de pérdida de equipajes atendido por una persona cualificada, así que a pesar de que solo llegaban siete vuelos al día se vieron en la obligación de contratarme.
Seguramente había gente más cualificada que yo para estar sentado delante de un mostrador con un formulario amarillo de tres copias, pero yo sabía dos idiomas y conocía a ese amigo del que les hablaba que a su vez tenía relación familiar con la mujer del jefe de personal del aeropuerto.

Hubo muchos días sin que nadie reclamara ni una triste maleta y yo pasaba las horas como podía. Me pasaba el día entre la cafetería y el puesto de venta de prensa, no porque me gustara demasiado ni el café ni los periódicos, pero entre las mesas de los cafés podía escuchar conversaciones que me llenaban de curiosidad y en el kiosco había una chica con una sonrisa que me llenaba de más curiosidad aún. 

Por entonces yo era muy curioso y muy joven.

Terry Salgado, El informe amarillo


Detrás de la puerta

Aquí estoy en mi cuarto habitual, donde me parece haber estado siempre. Como en tantas mañanas de mi vida, me encuentro en casa escribiendo. Suena, contundente, la música de
Be My Baby, cantada por The Ronettes. Cuando tenía diecisiete años era mi canción favorita. 

De pronto, oigo perfectamente que alguien acaba de llegar en ascensor al rellano. Pero es extraño. Quien ha llegado no llama a ninguna de las cuatro puertas, ni se dispone a abrir ninguna de ellas. Es como si se hubiera quedado indeciso, aturdido o simplemente inmóvil ahí. Llevo tantos años en esta casa que controlo muy bien los sonidos que se producen cerca de mi puerta. 

Pasan casi dos minutos hasta que, exactamente cuando termina la canción, llaman a mi timbre. Abro. Veo a un hombre de parecida edad a la mía. Es el mensajero de una editorial y ha venido para entregarme un libro. Me lo da y le firmo en un papel. «Las Ronettes...», susurra melancólico el hombre. «Me ponen de buen humor», le comento sin mostrarme sorprendido —aunque lo estoy de que conozca a The Ronettes. Sonrío, me despido, cierro la puerta despacio, con la amabilidad acostumbrada. 

Me quedo escuchando detrás de la puerta y noto que el hombre no entra en el ascensor. Puede que haya vuelto a quedarse inmóvil en el rellano. Seguramente se ha quedado apoyado en una pared, roto, deshecho de nostalgia y hasta llorando, esperando a que vuelva a ponerle Be My Baby.

Vila-Matas, Dietario voluble

miércoles

Delirio personal

Me di cuenta de que mi vida era un suceso insignificante que ocurría dentro del descomunal, anónimo y terrible océano de la Historia. Me di cuenta de que la Historia es la ficción suprema.

Mi identidad era la identidad de un español, lo aceptara o no. Quise entonces inventarme otra forma de estar en España.

Me inventé un delirio personal.

Manuel Vilas, España

martes

La civilización

En aquel mundo que nunca pudimos soñar porque no éramos conscientes de la irrealidad, los primates no evolucionaron.

Que nadie se apure, la civilización existió de la única manera que suceden las cosas que no pueden hacerlo de otra manera. 

Claro está que no existía la Argentina, ni la mitología griega, ni los juegos de naipes o el cristianismo. Existían otras cosas mejores y también peores.

En aquel mundo que a los primates siquiera nos era permitido soñar, la especie evolucionada fue la de los felinos. Sí, un mundo de leones, pumas, tigres, leopardos y gatos evolucionados, pensantes, crueles como cualquier ser inteligente y creadores de una civilización terrícola en la que había lugar para la arquitectura aérea, la botánica experimental, los cubículos estrechos, y normas muy detalladas sobre el salto de altura, la caza por acoso y el protocolo del ronroneo.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

lunes

Una permanente disonancia cognitiva

¿Qué duración, qué tiempo de vigencia tienen otras habilidades? Aún menos. Reparar cintas de cassete es de las más breves: no supo hacerlo mi papá, no la tienen mis hijos. Mi papá me enseñó a perforar cintas para télex en 1974. El fax lo volvió innecesario ocho años más tarde. 

En contraste, puedo asegurar que un gran número de mis antepasados, (quizá todos) sabían martillar un clavo, desplumar un pollo, defecar al aire libre, coser una herida, reparar una carreta de juguete, acertarle a una autoridad corrupta con un huevo podrido. No estoy seguro de si esos duraderos skills se han perdido o los perderán mis nietos, pero sé que ahora son mucho menos visibles, si no innecesarios o políticamente incorrectos.

Como ya se adivina, hay una permanente disonancia cognitiva que parte de la (atroz) diferencia entre nuestros esfuerzos de adaptación a un entorno cambiante, que son efectivos, con el cambio que vuelca realidades justo allende nuestra piel. 

Nunca parecemos estar adaptados. Esta disonancia entre contexto, sintaxis (física y metafórica vs. íntima y lingüística) y “yo” suelta toda clase de jugos por nuestros conductos, y genera la continua sensación de no estar en control: ni de nosotros mismos ni de nuestro entorno.

Enrique Prochazka, Desamparados, y orgullosos de estarlo, (Ponencia en la Casa de la Literatura peruana, febrero de 2020)

Cosas que no existen

En el universo hay más cosas que no existen que las que existen.


Ignatius Farray