Nos encantaba vestirnos con ropa chillona y buscar verbenas o ferias de barrio. Teníamos un calendario que ocupaba todo el verano y que repasábamos relamiéndonos.
Viajábamos en metro o en autobús. Paseábamos desde primer ahora de la tarde por recintos polvorientos, con las atracciones a medio abrir, mezcladas con los primeros feriantes y con grupos ruidosos de quinceañeros.
Al final de la tarde, cuando estábamos hartas la una de la otra, Lupe y yo subíamos a los coches de choque con cualquier desconocido.
Nazaré Lascano
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