Me manché.
Caminé toda la tarde con una manchita amarilla sobre blanco de una blusa recién estrenada.
Era como una islita griega cerca de mi pecho, quizás a la altura del corazón.
— ¿No notaste nada? ¿Nadie te avisó?
— Noté cómo algunos tipos miraban hacia mis pechos, pero ya sabés lo que pasa en la calle.
— ¿Y cuando llegaste a la cita?
— Luis apenas me miró, ahora voy atando cabos.
— ¿Era nueva?
— Me la regaló mamá el día de la madre.
— ¿Te regala ella a ti el día de la madre?
— Dice que así debería ser, que el concepto está equivocado.
— ¿Y Luis?
— Luis nada, me enseñó la pistola, la metió en una caja de zapatos y no me miró, ya te dije.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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