Estaba espléndida con su mono de trabajo.
A mediodía salía a fumar con los chicos, pero siempre almorzaba con su viejo.
— No sé cómo te puede gustar trabajar en el taller.
— Yo tampoco entiendo qué hacen en esas clases infames, con esos viejos babeando leyes y decretos.
Dina estuvo trabajando en el taller mecánico de su viejo desde que terminó la secundaria. Era muy buena en su trabajo, y habría estado mucho tiempo si no hubiera empezado a manipular las piezas de los autos.
— Cuando veo la ocasión coloco una pieza defectuosa en el auto de algún tipo.
Eso quería decir que Dina sabía en qué momento el auto iba a dejar tirado al conductor en medio de la carretera.
— ¿Estás loca? ¿Y si tienen un accidente?
— Soy una buena mecánica, sé exactamente lo que va a ocurrirle al carro.
— Ya... Dina, la diosa de los autos.
— Soy una diosa y decido sobre la gente, te lo recomiendo Naza, te sentirás mejor.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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