Inocente
Lo conocí porque se tiró sobre el auto de mi viejo. Fue en diciembre, cerca del cruce de Belgrano con Jujuy.
Papá salió del carro con intención de pegarle, pero se asustó mucho al ver la sangre sobre el asfalto. Denis era buen actor. No era sangre, lo tenía todo preparado y surtió efecto, el viejo casi se desmaya.
Tuvimos que pagarle una camisa nueva, un reloj viejo parado en las seis y veinte, y le invitamos a almorzar.
Fue un almuerzo espléndido en un restaurante lleno de espejos. Denis pidió vino de Mendoza y papá se lo permitió todo, creo que estaba verdaderamente aterrorizado, después supe que no tenía los papeles del carro, que un tipo se lo había proporcionado, de esa palabra no le saqué, "proporcionado".
Denis era muy listo y aprovechó todo lo que pudo. Cuando hablaba yo miraba nuestra imagen repetida en los espejos de la pared y daba la sensación de que era Denis el que estaba invitándonos a comer a papá y a mi.
A mitad de la lasaña el viejo le regaló sus gafas de sol y, con el tiramisú a medias, Denis le pidió permiso para "llevarme por ahí", apostillando con mucha educación, "no se preocupe es solo dar una vueltita inocente con el auto".
Pedimos café y a la media hora estábamos Denis y yo sentados en el carro, y papá nos despedía con cara de derrotado desde la acera del restaurante.
Lo primero que hizo Denis fue encender un cigarrillo y acelerar, lo segundo asustar a dos viejitas que cruzaban un semáforo en verde.
Yo estaba muy excitada y solo pensaba en qué habría querido decir con "una vueltita inocente".
— ¿Cuál es tu nombre, rubita?
— Me llamo Nazaré.
— Hoy mi suerte cambió, Nazaré.
— No estés tan seguro, en cuanto se le pase el shock mi viejo te matará.
— Cuando se le pase ya te habré dejado en casa sana y salva.
Nazará Lascano, Cuentos de Parque Chas
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