miércoles

La humanidad

Durante un curso fui una mano inocente. No es una metáfora, recién salida de la facultad encontré trabajo en un programa de televisión matinal. Era una cosa infame, un programita de cotilleos y de noticias sensacionalistas con un presentador pasado de moda rodeado de jovencitas con minifalda.

El primer día quisieron vestirme con una de esas falditas, por suerte falló la niñita que sacaba una carta con un envoltorio de tomate frito y leía el remitente. A diario el patrocinador del programa regalaba una vajilla con un tomate estampado en los vasos y en el fondo de los platos. Quienes sean de mi generación recordarán esas vajillas.

Les gustaron mis manos más que mis piernas y a partir de ese día despidieron a la niñita y era yo la que sacaba a las doce en punto del mediodía el sobrecito donde un ama de casa había escrito su nombre con la ilusión de que le tocara la vajillita.

Aquel año la gente me reconocía por la calle "Ahí va la mano inocente", cuchicheaban cuando me veían y yo, que aún era muy estúpida, sentía algo así como que hacía algo por la humanidad.

Nazaré Lascano, Cuaderno español

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