Luis G. aún no ha retirado su reflejo del espejo cuando escucha a la mujer, en la habitación de la señora Joaquina. Debe ser por la hora o quizás por el espejo, pero escucha todo lo que quiere y de la forma que quiere.
Luis oye cómo la mujer cuenta que es de origen ruso, que nació en San Petersburgo cuando aún se llamaba Leningrado, que es hija de un exiliado comunista español, pero que desde siempre lleva el apellido de su madre para evitar ser reconocida. Y Luis piensa en su propio apellido, García, y sonríe pensando en lo fácil que es para él pasar desapercibido.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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