— Apagó la luz y se metió en la cama. Yo me quedé de pie, junto a la puerta. Solo se veían los dígitos verdes de su reloj-despertador.
Carolina escuchaba en completo silencio, como si quisiera no despertar a la mujer.
— A las cuatro escuché cómo se movían las sábanas y, después de unos cinco minutos, oí cómo la mujer se incorporaba.
— ¿Y la luz?
— No la encendió.
— ¿Eso significa algo?
— Puede significar varias cosas, como que no estaba sola en la cama, aunque yo ya había visto que no había nadie con ella cuando se acostó.
— ¿No te parece extraño?
— ¿El qué?
— No sé, todo, que los policías tengáis el derecho de estar en un dormitorio y ver cómo duerme la gente.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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