El turno de preguntas estaba muy animado. Una estudiante que parecía haberse leído todos los libros de la Doña disparó un andanada de preguntas dignas de una catedrática de Literatura Comparada que me hizo estallar la cabeza. Abrumada, dejé de anotar y aproveché que parecía no terminar nunca para pedir un vaso de agua.
Un conserje de la facultad apareció en la entrada del auditorio con una botella de cristal y un vaso sobre una bandeja. Avanzó titubeante con cientos de ojos clavados en él y cuando llegó hasta mí, y visto que no acaba de caer, alguien sacó su pie al pasillo, el hombre tropezó y cayó derramando todo el agua sobre la mesa y sobre mí.
Se organizó un caos formidable y la chica y sus preguntas quedaron felizmente sumergidas bajo aquel caudal de agua.
Nazaré Lasscano, Cuentos de Parque Chas
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