— Me gusta jugar al escondite.
A la voz que respiraba y escuchaba en la oscuridad le gustó lo que oía.
— Desarróllanos eso, Linda Firenze.
— A veces estoy en casa y me escondo en un armario o en la despensa.
— ¿Tienes despensa en tu casa?
— Es una casa antigua.
— Cuéntanos cómo es tu despensa.
— Es pequeña, oscura, sin ventanas, tiene estantes, allí coloco los botes de conservas, las botellas de aceite, tetrabriks de leche...
— ¿Sólo tienes comestibles?
— También guardo las botellitas.
— ¿Las botellitas?
— Esas botellitas tan lindas con licores, que son como las grandes pero en pequeñito.
— Sí, sí, las conozco. ¿Por qué las guardas allí?
— En realidad no las guardo, las escondo.
— ¿Por qué razón?
— No lo sé, me gusta verlas a solas.
Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas
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