Durante dos capítulos la chica oriental tenía una serie de reflexiones vomitivas sobre la vida, la superación, el amor y otras boludeces.
Igual que avisaba Chejov con aquello del arma que aparecía en el primer acto, las reflexiones eran la preparación (el anuncio) para el drama. Si hablaba sobre pérdida habría una pérdida, si sobre venganza, venganza, igual con la superación, el amor, el asco o lo que fuera.
Era hilarante.
Se hartó a vender libros infames que yo ahora firmaba con dedicatorias ingeniosas.
Me avergüenza las burradas que llegué a escribir en esas primeras páginas.
Quizás no me avergüenza.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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