jueves

Mi misión

Estoy muerto, pero sigo escribiendo,  puedo sentarme ante el ordenador y teclear cómo me siento o cuál es mi estado.

Pronto no podré escribir o no sabré cuál es mi estado o ninguna de las dos cosas.

Soy, por tanto, un muerto reciente. O eso creo porque, como digo, aún puedo escribir.

No puedo ni quiero contar cómo lo hago, sé que puedo, que este estado de sosiego es ideal para abrir la mente, pero debo darme prisa porque el tiempo no existe y, aunque parezca una paradoja, no puedo arriesgarme.

Siento la cabeza clara, pero a la vez llena de arena, como si tuviera cinco años y estuviera en la playa. Siento que debo correr hacia la orilla y vaciar con mi cubo el agua del mar.

Es lo que siento desde que estoy muerto, arena en la cabeza y la certeza de que mi misión es vaciar, cubo a cubo, el agua del mar.

Si no hiciera tanto calor sería más fácil.

Si no tuviera cinco años de repente sería más fácil.

Si mamá no me llamara constantemente para que no me acerque a la orilla sería más fácil.

Ahora que estoy muerto y que aún no me embarga la inmensidad del mar.

Terry Salgado, El informe amarillo


No hay comentarios: