Hubo gente que empezó a imitar los cuentos de los pasos de peatones.
Los llamaban las historias del semáforo o del paso de cebra.
Empezó a haber cebras por toda la ciudad. Lectores y lectoras letraheridos que paraban a otros peatones para encontrarse, que se lanzaban mensajes, que subían por encima de los capós de los autos o, los más radicales, que se tiraban en la calzada, en decúbito supino ellos y en decúbito prono ellas.
Pronto hubo una epidemia que traspasó fronteras.
Ahora yo tenía que explicar todo aquello, darle un sentido a sus mentes burguesas.
Al fin algo divertido.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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