domingo

Otro cuento absurdo

Un muchacho me abordó en el hall del hotel. Estaba muy nervioso, me dijo que nunca me hubiera imaginado así, es decir con mi físico, que pensaba que era mayor, no le cuadraban las fechas.

Por suerte para mí, cuanto más nervioso se ponía él más tranquila estaba yo. Tanto que le invité a tomar algo en el bar. No podía creérselo, enseguida sacó una de aquellas novelitas de su mochila y me la acercó mientras me rogaba que le perdonara. 

No tenia nada que perdonarle, pero le escribí una dedicatoria demoledora sobre la falta de confianza, las apariencias, los espejos y no sé cuantas patrañas más. Luego le dibujé una carita sonriente para quitarle hierro y lo firmé con aquella firma inventada tan estupenda.

El chico pidió un gin tonic. Me descolocó, ¿quién pide un gin tonic cuando una escritora famosa te invita a tomar algo a las cinco y cuarto de la tarde?

Afuera llovía. Todo era perfecto para otro cuento absurdo.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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