Este libro, cuyo éxito se me antojaba malo cuando lo escribía, tuvo una recepción de primacía sobre todos sus hermanos. Movíame a desconfianza por ser libro triste, sin interpolación de risas, sombrío y rematado por catástrofe propia para angustiar el ánimo de los lectores que se interesan por la buena suerte de unos personajes y por el castigo de otros.
[...] Contribuye en gran parte a este favorable, aunque insostenible juicio, la rapidez de las peripecias, la derivación concisa del diálogo hacia los puntos esenciales del enredo, la ausencia de divagaciones filosóficas, la llaneza del lenguaje y naturalidad de las locuciones. Esto, en cuanto a mí, no puede ser un mérito absoluto. La novela que no se base en otros méritos más sólidos debe tener una fama muy poco duradera.
Camilo Castelo Branco, Amor de perdición (Prefacio a la segunda edición) 1863
No hay comentarios:
Publicar un comentario