Por supuesto, los escritores —famélicos o no— siguen escribiendo. Pero ¿qué escriben? Sospecho que después de que las aguas bajen, de aquí a un mes o un año, descubriremos en el fango, entre los cadáveres de restaurantes, teatros y librerías, miles y miles de Diarios del Año de la Peste en busca de lectores imaginarios, impacientes por entender qué ha sucedido y por qué, sin recordar que esas respuestas se encuentran ya en sus anaqueles: Robinson Crusoe, de Defoe; La guerra de los mundos, de Wells; el Decamerón, de Boccaccio; Rinoceronte, de Ionesco.
Alberto Mangel, Ganarse la vida como escritor (o no)
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