Las cenas después de los fallos resultaban para Rita tan molestas como el mismo premio. Se juntaban un montón de poetas orondos y comían platos de difícil pronunciación.
Otros se decían poetas populares y agarraban los aperitivos de tres en tres mientras masticaban a boca llena.
Discutían a gritos sobre el futuro del endecasílabo y otros temas sobre los que Rita no quería ni oír hablar. Si cabeceaba, Alicia pellizcaba con disimulo la pierna común para espabilarla y evitar bochornos. Rita, con los ojos vueltos, apuraba su copa con un aburrimiento neoclásico.
Siamesas, Rendibu.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario