Estuve mucho tiempo llevando el pelo recogido. Una tarde me lo lavé, lo sequé con el secador y lo peiné durante quince minutos. Salí a la calle con el pelo suelto, brillante, perfecto.
En una avenida llena de gente un tipo me agarró el pelo y tiró de él, yo seguí caminado y él continuó a mi lado, agarrado a mi pelo, sin mirarme, sólo tirando de él y de mí.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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