viernes

El artificio del azar

Si bien el artificio siempre ha estado presente a la hora de elaborar una película. Ahora, más que nunca, desarrollado técnicamente de un modo que el azar no intervenga, y si lo hace que sea del modo más leve o insignificante posible. 

La intervención del azar es fundamental tanto en la vida como en la creación cinematográfica. Cerrar los ojos debe muchas cosas al azar.

Elsa Fernández Santos entrevista a Víctor Erice, El País, 23/09/2023

jueves

Viajar solo

Todos los viajes son viajes al interior. Michaux viaja solo y sin guías, tanto en las selvas como en los laberintos de la psique. 

Juan Arnau, Henri Michaux: el lejano espacio interior. El País 27/09/2023

A la salida del cine

Henry y Charly a la salida del cine.

Henry: Lloré cuatro veces.
Charlie: Yo también. Quizá fueron las mismas cuatro veces.

Historia de un Matrimonio (Marriage Story),  de Noah Baumbach (2019)

martes

Una ecuación seca

Yo era joven, un hombre me gustaba, otro me amaba. Tenía que resolver uno de esos estúpidos conflictos de joven. Me consideraba importante. Había incluso un hombre casado, otra mujer, un verdadero juego de cuatro que se desarrolla en una primavera parisina. 

Me hacía de todo ello una ecuación seca, cínica en deseos.

Françoise Sagan, Cierta sonrisa


lunes

Esquinazos

Un cuento de la Doña que me gustó fue el de la ruleta rusa. Era un historia original, un relato bien planteado y mal rematado, o demasiado rematado que viene siendo lo mismo.


Trata sobre un barrio, parecido al mío o a cualquier otro, un barrio con calles mal trazadas, con avenidas que no vienen, plazas en cualquier esquina y esquinazos sin salida.


Las calles de ese barrio inventado eran un arma en los pies de los viandantes. Todos los días salían de sus casas y en una de las calles, nadie sabía cual, alguien encontraría la muerte.


No hay remedio, no hay solución, el que sale por la mañana puede volver a casa por la noche o puede quedarse por el camino. Es trágico, pero irremediable.


Entre los vecinos de esa barriada hay de todo, la escritora se recrea enseñándonos a gente que a punto están de caer en el cliché y que se salvan porque mueren al doblar cualquier esquina y eso nos conmueve. Algunos no quieren salir de casa, pero se pudren dentro y los que salen no quieren que el número de posibilidades aumente. Hay peleas, hay chantajes, hay venganzas.


No desvelaré el final, pero piensen en la ruleta rusa clásica y arriésguense, o, mejor, disparen en medio de la frente al que ha organizado todo esto.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


La obsesión por el tema

Los pintores, y especialmente Édouard Manet, que es un pintor analítico, no comparten la obsesión de las masas por el tema: para ellos, el tema es solo un pretexto para pintar, mientras que para las masas solo existe el tema.

Émile Zola

sábado

Siempre presente

¿Hay algo de autoficción en esta película?

Puede ser… De un modo inconsciente. La ficción está siempre presente en la mirada que el cineasta proyecta sobre el mundo. Y no hay mayor ficción que la del yo personal.

Elsa Fernández Santos entrevista a Víctor Erice, El País, 23/09/2023

viernes

La joven de la perla

No me ha gustado el final porque ha sido triste porque la chica se ha tenido que ir de la casa y lo que más me ha gustado ha sido el final cuando la chica conoció a su novio.

Beatrice Chivu 2ºC, socialeseimagen.com


jueves

Acompasar la melodía

En este caso, toda la escena está repleta de detalles. 

La chica que toca el instrumento musical es un derroche de calidad. Podemos apreciar el brillo y el tacto del satén de su vestido o fijarnos en el ribeteado de su corpiño. 

La música parece resonar en la estancia, y con un poco de imaginación podemos escucharla como hacen esos dos hombres, que incluso parecen acompasar la melodía con las letras de la canción leídas en un libro.

A. Cerra, Mujer tocando la tiorba ante dos hombres de Gerard Ter Borch

miércoles

Interés en la planificación

¿A qué tanto interés en la planificación? “Tengo una necesidad de planear, de sentirme cómodo en esos planos, pero soy incapaz de rellenarlos de vida, los veo opuestos a lo que luego causan”, explica. 

Esa tensión entre lo que el plano propone y en lo que se traduce finalmente en el mundo real la percibe también en la poesía. “Es esa tensión entre el control de la forma y la necesidad de que se desborde”, concluye.

Juan Gallego Benot, el escritor que no reconoce las caras y percibe la ciudad como un laberinto, El País 19/09/2023

sábado

Una segunda bala

— ¿Qué opinas de darle una segunda oportunidad a las personas?
— Siento que darle una segunda oportunidad a alguien es como darle una segunda bala.


Chica en la Plaza de Callao de Madrid

jueves

La sedimentación

— Hay novelas río y la tuya, Naza, que es una novela de aguas subterráneas.
—  ¿Tú crees? No sé, a los críticos os gusta mucho inventar términos.
— En este caso creo que es un término que te viene como anillo al dedo. En tu novela...

Nazaré Lascano simula una cara de sorpresa.

— ¿Novela?
— O lo que sea, pero la llamaremos novela porque creo que a pesar de todo cumple con los cánones.
— Bien, — ríe—  aceptamos novela.
— Pues bien, en esta novela tuya de aguas subterráneas hay huecos profundos, cursos de agua, cuevas inundadas, pasadizos y hasta pozos.
— Pero no todo transcurre por el subsuelo.
— Desde luego porque las aguas de tu novela cuando logran salir a la superficie forman lagos y oasis.
— Solo has hablado de lo bonito.
— ¿Tiene algo feo?
— La grava, las arcillas o las areniscas que no se ven desde el exterior, pero que quedan en el fondo fruto de la sedimentación.

S. Fuentes, "La memoria líquida". Entrevista a Nazaré Lascano

miércoles

Un trabajo serio (III)

Dejaba notas manuscritas en los buzones de las casas donde figuraban nombres de parejas.

Los papelitos, escritos con una letra cuidada y en tinta azul, citaban a la persona cuyo nombre figuraba en el buzón en una cafetería a una hora de la tarde en la que la gente suele estar libre. 

Si no podían acudir, los citaba en segunda y última convocatoria el domingo por la tarde. 

A esa hora acudían todos.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


lunes

Virtualmente infinito

Borges había reseñado en junio esa conferencia de Valéry en el College de France, fascinado por sus dos tesis en apariencia contradictorias: la primera, que toda creación literaria “se reduce a una combinación de las potencias de un vocabulario determinado” (es decir, una combinación feliz de las reglas del idioma), y la segunda, que “las obras del espíritu solo existen en acto”, un acto que “presupone evidentemente un lector o un espectador”. 

De esas premisas se derivan conclusiones divergentes, porque la primera comporta un número finito de obras literarias, mientras que la segunda subraya que cada lectura es única y distinta de lector a lector, lo que convierte su número en virtualmente infinito.

Domingo Ródenas de Moya, El orden del azar: la vanguardia de Guillermo de Torre junto a los Borges

Un poco de vergüenza

¿Usted también tiene exámenes? — preguntó el tío. Volviéndose hacia mí.

— Sí— respondí vagamente. Mis actividades, por mínimas que fuesen, me daban siempre un poco de vergüenza.

Françoise Sagan, Cierta sonrisa

sábado

En un rincón de mí nacerá una planta

Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. 


A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. 


Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado; no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos.


Felisberto Hernández

Viajeros del tiempo

Seguro que han oído más de una vez que la lotería le cambia la vida a la gente. Seguro que también han oído que en muchos casos se la cambia para mal.

A la viuda la lotería le cambió la vida por la muerte.

Ahora, después de encontrar su cadáver,  solo había que reconstruir el camino, llegar hasta el mismo momento en el que alguien acabó con su vida. 

— En cierta manera el inspector de homicidios es como un viajero del tiempo, tiene que viajar al pasado hasta volver a ver a la víctima viva.
— Nunca me había planteado el oficio de policía como el de un viajero temporal.
— El de policía no, el de inspector de homicidios, aunque hay otros viajeros del tiempo en otros trabajos.
— ¿En cuáles? ¿los historiadores?
— ¿Los historiadores? No, por Dios. Los historiadores cambian el pasado, solo los inspectores y los autores de ficción lo reconstruimos. 

Nazaré Lacano, Cuentos de Parque Chas

viernes

La comedia inconsciente



Bertrand me hablaba del tío viajero, al que parecía querer poco. Me hablaba de la comedia de sus viajes, pues Bertrand pasaba su tiempo buscando comedias en la vida de los demás hasta el punto de que vivía con temor de representar él mismo una comedia inconscientemente.

Françoise Sagan, Cierta sonrisa

miércoles

Crónica de un día de lluvia


Tengo una vecina que es malagueña. Tiene la cara redonda, los ojos muy grandes, el pelo de malagueña, la nariz... no sé la nariz, pero sus piernas me vuelven loco. 


Siempre lleva faldita, se llama Marian o Miriam y a veces coincidimos en el ascensor, junto a los buzones, a veces comentamos algo sobre la publicidad que atasca nuestros casilleros. Siempre sonríe, siempre lleva alguna bolsa de la compra, esas bolsas verdes que no sé porqué odio profundamente; incluso cuando van pegadas a su mano derecha, una mano con la que sueño en solitario.


Miriam o Marian tiene un marido o un novio o alguien con quien vive, se llama Manolo y tiene cara de Manolo (que cada uno ponga al Manolo de su archivo personal), Manolo no es malagueño, no sé de donde es así que será de Madrid o de ningún sitio (tanto da), tiene manos grandes y cara de vigilante de patio en el cole o en la cárcel, cuando le veo siempre creo que he hecho algo mal y que va a echarme la bronca, pienso que sabe que miro a su mujer con ojos... bueno que la miro y que me va a hacer saber lo que opina sobre mis miradas sucias. Por supuesto cuando me los encuentro a los dos a la vez a penas miro a Marian, sólo les saludo con una sonrisa beatífica y me escabullo por las escaleras, sin ni siquiera esperar al ascensor.


Hace un par de días llovió mucho sobre Madrid, yo llegué a casa sobre las diez y media, empapado, después de haber tenido que andar más de la cuenta y de no encontrar un puto taxi. El portal estaba desierto, como si fuera de madrugada, y la luz amarilla me dio un mal rollo que no puedo explicar. Llamé al ascensor y como tardaba pensé en subir andando, pero al poco oí que alguien bajaba por el primer piso y decidí no encontrármelo, por suerte el ascensor llegó en ese instante y subí en el mismo momento en que una sombra cruzaba el portal desde la escalera. No me di cuenta hasta que me dispuse a salir de que alguien se había dejado una bolsa de plástico, de un supermercado en el suelo del ascensor. No supe qué hacer así que esperé a llegar a mi piso y decidí sobre la marcha... la cogí y me la llevé como el que se lleva algo que no es suyo.


Entré en casa con la bolsa como si volviera de hacer la compra, mojado, dejé la bolsa en la cocina y fui hasta el baño, me sequé, después me duché y me volví a secar, luego me puse el pijama. Olvidé por completo la bolsa. Hasta que llamaron a la puerta. Miré por la mirilla, allí, al fondo del ojo de buey, distorsionada una cara y unos ojos miraban directamente a mi ojo, era Miriam, creo que hasta me saludó por la mano y me llamó por mi nombre.


¡Roberto!, ¡Por favor, Roberto! Soy Mirian o Mariam—  ábreme.


Abrí, claro, en pijama, un pijama horrible con el pantalón demasiado gastado y una camiseta de rayas demasiado curvas.


Lo siento dijo al ver mi aspecto de preso disfrazado—  ¿No estarías acostado?
Qué va tartamudeé. Es que llovía y...  acabo de llegar a casa, ¿quieres pasar?


Miriam pasó, llevaba un chubasquero muy fino y el pelo mojado, también llevaba un paraguas negro de la mano a juego con unas botas altas que cubrían sus piernas desnudas hasta las corvas, y una falda que debía ocultarse bajo el impermeable.


Voy a ponerte la casa perdida... ¿Dónde puedo dejar esto?


Efectivamente, estaba chorreando, parecía que se había duchado vestida y de su paraguas no dejaba de caer agua. Le saqué un paragüero y le ayudé a quitarse el chubasquero.


¡Vaya chaparrón! — dijo mientras sonreía—  parece que se va a acabar el mundo.
¿De dónde vienes?
De la compra, ¿Qué te parece? Sólo a mí se me ocurre salir un día así.
¿Y Manolo?
¿Manolo? Preguntó como si no lo conociera.
— dije yo dudando, esperando o deseando no haber metido la pata.—  Tu pareja.
¡Ah, Manolo! Manolo ha tenido que irse a Galicia esta mañana.
¿Es gallego?
¿Qué?

Aquello parecía un diálogo de besugos, algo sin pies ni cabeza en medio de mi recibidor encharcado, en medio de un edificio rodeado de agua por todas partes menos por una.


¿Quieres una toalla?


No, no te molestes, es que he perdido las llaves... bueno, las llaves y la bolsa de la compra. Cuando he subido me la he debido de dejar en el ascensor, me he dado cuenta al ir a abrir la puerta, pero ya lo habían llamado. He bajado enseguida, por la escalera, pero cuando he llegado abajo alguien subía... y después la bolsa ya no estaba. Oye, si tu acabas de llegar a lo mejor has visto algo, ¿has coincidido con algún vecino? ¿te has fijado si alguien llevaba una bolsa verde, de esas que uso yo?


No — mentí como solo saben hacerlo los que viven solos, no he visto nada, pero yo también he oído a alguien que subía, o que bajaba, no sé.


¡Vaya! — y ese "vaya" se me clavó en el corazón como si fuera una de esas espadas o puñales que clavan los andaluces en sus vírgenes de madera. Si quieres, te ayudo a buscarla.
¿Te importa que me siente un momento?

Miriam parecía completamente desolada e hizo ademán de entrar en la cocina, yo recordé que su bolsa estaba allí, junto a una de mis blancas paredes y di un respingo como de comedia de situación.
¡No, por favor! pasa al salón, estarás más cómoda.
No quiero ponerte todo perdido, mira como vengo.


Y Miriam recorrió con su mano abierta su cuerpo, desde el pecho hasta los muslos, pasando por la falda azul lluvia, corta, mínima que había surgido debajo del chubasquero empapado.


Con que te quites el impermeable bastará.


Y me puse detrás de ella, cara a cara con su espalda e imaginé que ella, Marian, llegaba a casa, a mi casa, que también era la suya, y que yo le ayudaba a quitarse la ropa mojada y que ella se deslizaba hasta el salón apenas tocando el suelo con sus pies.