domingo

Vivir en los pronombres

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!


Pedro Salinas, La voz a ti debida

Una locura plástica

Pescadera, hija de la última bruja de Cadaqués, musa de artistas, inspiradora de La Bien Plantada, paranoica... esta era Lidia Noguer Sabà.

[…] Lidia había hospedado el verano de 1904 al escritor y filósofo Eugeni d’Ors en su casa y a partir de aquel momento se creyó que era La Bien Plantada de los escritos de Xènius. Un delirio que mantuvo a lo largo de su vida con reinterpretaciones de los textos orsianos que hicieron las delicias de artistas e intelectuales que pasaban por Cadaqués.

Para Dalí, que le compró la barraca de Portlligat donde construyó su casa, “Lidia poseía el cerebro paranoico más magnífico, fuera del mío, que nunca haya conocido”. García Lorca la comparó al Quijote diciendo, sin embargo, que la suya era “una locura húmeda, suave, llena de gaviotas y langostas, una locura plástica”. Y Ors que en vida nunca le había hecho caso le dedicó el libro La verdadera historia de Lidia de Cadaqués.

Josep Playá Maset, El mito de Lidia de Cadaqués, La Vanguardia

viernes

Perverso

Subir una foto de un proyecto aun abierto es perverso. Es como si uno está escribiendo una novela y va publicando párrafos en Twitter. 


Ricardo Cases

jueves

Los mosaicos de Paine

Los mosaicos invitan a interpretar y reinterpretar libremente cada uno de ellos, partir de la propia experiencia de quien los observa, devolviendo a la vida –de forma simbólica– a quienes fueron asesinados por sus ideales. 

En consecuencia, los mosaicos de Memorial Paine, Un lugar para la Memoria, son una invitación al aprendizaje personal y colectivo, al debate de las ideas y a la construcción cultural y artística. Por ello, cada nueva visita es también una nueva experiencia en torno a nuestras ideas sobre la historia, la cultura, el arte y la comunidad.

martes

Cualquier trivialidad

Tenían la sensación de que, si abrían la boca, sería para decir cualquier trivialidad. 

Ella empezó a beber vino. Durante una temporada, él se entregó con fervor inusual a la caligrafía china. Cuando, deslizando el pincel negro sobre el papel blanco, trazaba distintos ideogramas, sentía que el mecanismo de su corazón se volvía transparente. 


Haruki Murakami, Hombres sin mujeres

sábado

Cóctel de despedida

La escritora colombiana era una bomba.
Era lista, ocurrente, rápida, seductora, ingeniosa, además era una mujer muy guapa. 

La lástima es que no era escritora. No me sorprendió. No le sorprendió a nadie cuando se descubrió en medio de un juego que su editorial había preparado para la presentación de un libro de memorias.

Vi a mis jefes mordiéndose los nudillos. Otra ocasión perdida.

En medio de un descanso me acerqué hasta uno de ellos, se llamaba Luis Ciorán, creo, y le conté que quizás era el momento de descubrirnos nosotros también. Me echó de su lado y me dijo entre dientes que no quería volver a verme.

Mientras tanto la escritora colombiana era el centro de atención de todo el mundo. Las televisiones la entrevistaban como si fuera una actriz famosa, en realidad era un actriz de segunda que estaba viviendo su minuto de gloria.

Sus libros se agotaron en media hora, los míos regresaron a la oficina de la editorial esa misma noche, Luis Ciorán estuvo embalándolos cuando todos, incluida yo, nos habíamos ido al cóctel de despedida.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

jueves

Virginidad doliente

Ramón disfrutó durante mucho tiempo de ir a misa. 


Le gustaba tanto que durante una temporada lo hizo a diario, y por eso mismo, para no gastar ese placer, acabó asistiendo sólo los domingos, como un yonqui que se reserva su dosis para el fin de semana.


A Ramón le gustaba el olor denso del aire, las imágenes policromadas con la mirada perdida, la inmensidad de los techos y de la cúpula, la sensación de infinito y, a la vez, el contacto con la muerte que se sentía en cada rincón de la iglesia.


También le gustaban algunas de las mujeres que asistían, las pocas que aún eran jóvenes tenían algo especial, una especie de fanatismo íntimo, de virginidad doliente, de integridad pasada de moda que a Ramón le excitaba.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

miércoles

Regalo de Dios

Ramón, el del regalo, solo iba a misa para pedirle cosas a Dios. Llevaba toda la vida pidiendo y, a base de pedir, conseguía ir viviendo sin necesitar demasiado.

Comenzó de muy pequeño, pidiéndole a Dios en casa, rezando arrodillado frente a una imagen de un Sagrado Corazón impresionante, pero la imagen le impresionaba tanto que olvidaba todo lo que quería pedirle y se quedaba absorto en sus ojos azules. 

La Iglesia tuvo que prohibir las imágenes de Cristo con los ojos claros.

Todas las noches Ramón rezaba de forma enfervorecida, fue así como fue aprobando sus exámenes en el colegio, como consiguió regalos de sus padres, o cientos de peticiones que iban cayendo una a una hasta que, ya con veinte años cumplidos, una chica que también le había pedido a la Virgen le contó que Dios es solo un invento de los hombres sin carácter.

Ramón se convirtió en ateo por culpa de su carácter.

Desde que dejó de creer en Dios los regalos dejaron de llegar, entonces en una acción intrépida Ramón empezó a ir a misa, allí el inmenso poder de la liturgia y el contacto con la divinidad, existiera o no, era más intenso, más serio y por tanto más teatral.  

Y allí, además, era más fácil pasar desapercibido. 

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

domingo

Feliz naufragio

El turno de preguntas estaba muy animado. Una estudiante que parecía haberse leído todos los libros de la Doña disparó un andanada de preguntas dignas de una catedrática de Literatura Comparada que me hizo estallar la cabeza. Abrumada, dejé de anotar y aproveché que parecía no terminar nunca para pedir un vaso de agua.

Un conserje de la facultad apareció en la entrada del auditorio con una botella de cristal y un vaso sobre una bandeja. Avanzó titubeante con cientos de ojos clavados en él y cuando llegó hasta mí, y visto que no acaba de caer, alguien sacó su pie al pasillo, el hombre tropezó y cayó derramando todo el agua sobre la mesa y sobre mí.

Se organizó un caos formidable y la chica y sus preguntas quedaron felizmente sumergidas bajo aquel caudal de agua.

Nazaré Lasscano, Cuentos de Parque Chas


sábado

Estar muerta

El auditorio se quedó un instante a oscuras, apenas fue un segundo, pero hizo que todos diéramos un respingo y que cambiáramos nuestro estado de ánimo. Pensé en aprovechar la circunstancia y decir algo propio, algo que me sacara de una conferencia encorsetada y de una tanda de preguntas y respuestas que no interesaban ni al que las hacía ni, desde luego, a mí que las respondía.

— Esto es lo mejor que me ha pasado hoy. Creo que mi próxima conferencia la daré a oscuras.

Por suerte entre el público había voces más ingeniosas que la mía.

— Podías probar también a escribir a oscuras.

Fantaseé con esa idea y recordé a mis ciegas, deseé hablarle al auditorio de ellas, pero temí que pensaran que toda la historia era una mierda de metáfora, así que pedí disculpas y volví a mi papel de escritora que escribe para vender. Era un papel cómodo y la comodidad es como estar muerto, no es emocionante, el tiempo no es importante y es siniestramente agradable.

Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas

martes

Cómo nos vemos

La derecha se aprovecha de cómo es la gente y la izquierda de cómo quiere ser la gente.


Ignatius Farray

lunes

Leer a las personas

No soy buena mintiendo, solo soy buena imaginando. La mentira sirve para salir al mundo y la imaginación para esconderse.

En una firma de libros en la facultad de Filología se me ocurrió escribir en la primera página "Es mejor leer a las personas". La lectora, una chica joven que debía admirar a la Doña, me miró como el que mira un accidente. Después desapareció entre un túmulo de gente y yo estuve el resto de la mañana intentando encontrarla. Me la imaginaba volviendo a casa desesperada, sacando todos sus libros de la biblioteca y buscando detrás de los estantes a alguien a quien leer. 

Por suerte encontré a esa chica a la salida de la facultad, estaba riendo junto a un grupo de chicos, cuando me vio miró para otro lado y se abrazó al primero que tenía a su derecha. 

Quizás me refería a eso.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

En voz baja

Hay estilos que no permiten al autor hablar en voz baja.


Jorge Luis Borges, Biblioteca personal