Cuando salí del sótano comencé a visitar a una vidente. Se llamaba Gloria y recibía en un departamento luminoso en el piso veinte de un bloque con vistas a Parque Sarmiento.
Gloria era muy joven, tenía un suave acento mexicano y olía como si acabara de serrar un árbol verde.
El primer día comenzó por contarme que ella había vivido varios años en un sótano y que había creado un mundo interior tan rico que a menudo se perdía acá afuera y necesitaba regresar a él. Yo le hablé de mi sótano como el que habla de un recuerdo inventado del que necesitaba escapar.
Estuve visitando a Gloria todos los martes durante tres años.
Nazaré Lascano
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