domingo

Torpe vida

Nos veíamos a diario en una cafetería de Catamarca, fue en la época de la Facultad y dejé de ir a muchas clases por ir a tomar café con leche y poder verle, hablar un rato de cualquier cosa o observar cómo daba vueltas a las hojas del diario. Me gustaban sus gestos pequeños e imaginaba cómo sería su vida, qué hacía, dónde dormía y con quién, cómo se ganaba la vida.


A veces dábamos un paseo hasta Independencia y yo aprovechaba la distracción de las calles para preguntarle los detalles, porque lo demás no me importaba. Para compensarle le contaba todo de mí y él sonreía o reía con ganas ante cada pequeña miseria de mi vida de torpe universitaria.
 


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

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