Las mejores historias
—«¡Dale un beso a Lydia!», dijo la dama. Lo hice y el chófer meneó ligeramente la cabeza, ya que el parabrisas delantero reflejaba.
Y luego paró el coche ahí, donde empiezan todas las mejores historias: en la estación.
Kurt Tucholsky, El palacio de Gripsholm
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