—Vendrán dos colegas del departamento con sus esposas.
—Pensaba que la gente del departamento te daba igual.
—Ellos no me importan, pero esta vez vienen a decidir si me permiten seguir con la investigación.
—¿Estás en sus manos?
—Estoy en tus manos.
Me contó que me necesitaba y yo sentí una especie de excitación, un escalofrío cálido que me recorrió el cuerpo de abajo a arriba, como un rayo invertido. Por primera vez él estaba indefenso y en mis manos en vez de yo en las suyas.
—¿Qué necesitas de mí?
—Necesito que te hagas cargo de todo.
—¿Querés que me ocupe de la cena?
—Quiero que te ocupes de mí.
—Explícame qué necesitas.
—Necesito que organices la velada, que hagas de niñera, de cocinera y de anfitriona.
—Creo que lo que vos quieres es que haga de tu mujer.
Él sonrió desarmado y, antes de que se disculpara, ataqué.
—Tendrás que pagarme.
Él volvió a retomar su aspecto de siempre.
—Te pagaré bien.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
No hay comentarios:
Publicar un comentario