El año que empecé a trabajar en la heladería, mamá se cortó el pelo. A menudo hay acontecimientos que aparentemente no tienen nada que ver entre sí y que van relacionados.
No me gustó nada lo del corte, de repente mamá parecía una señora mayor que intentaba parecer joven, a la vez, que yo tuviera mi primer trabajo la hacía un poco más vieja.
Muchas tardes mamá iba a visitarme a la heladería con Miriam, una compañera de trabajo que vivía en Belgrano y con la que tomaba helado de stracciatella en tarrinas grandes. Se sentaban como dos adolescentes al fondo del local, cuchicheaban y soltaban risitas estridentes. En una ocasión un hombre de unos cuarenta me habló de ellas sin saber que las conocía, "¿De qué zoo escaparon esas dos cacatúas?".
Yo sonreí estúpidamente y no respondí.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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