domingo
sábado
Parecidos
jueves
Nadie, Nunca, Nada, No
Hagamos cuentas: 700 metros de longitud, 6 metros de ancho, 15 metros de altura, 103 números, una plaza de hormigón con parque infantil y aparcamiento subterráneo, cuatro calles que cruzan y dos perpendiculares, 328 bolardos traicioneros, 22 papeleras, 46 árboles estresados que buscan en vano la luz, 52 faroles sujetos a la pared y 14 farolas sin mayor encanto que su discreción.
Un negocio de reformas y saneamiento, 2 oficinas para enviar dinero al extranjero, 2 casas okupas, 6 peluquerías africanas, un ciber-locutorio-videoclub con los últimos estrenos de Bollywood y alguna producción bangladeshí, un banco de madera, una oficina bancaria que cerró hace unos meses, una academia de dibujo llamada Habitar la Línea, un taller de diseño que produce ahora objetos singulares como un burro de porcelana con alas de Tente, un estudio de arquitectura sostenible y otro de un pintor que sirve de galería de exposiciones y que toma su nombre del “Villancico” de Ferlosio que reza por el nacimiento del niño negativo: Nadie, Nunca, Nada, No.
martes
Trepar a un árbol
El calor de la tarde veraniega ya es sofocante, pero la temperatura se dispara cuando ella entra en el baile del pueblo. Luce un mínimo vestido rosa que se adhiere a su cuerpo y se confunde con la piel, así que parece que solo llevara puesto su propio sudor, muy denso, que le confiere una cualidad resbaladiza, como de bebé o de ser anfibio.
Es una criatura hermosísima, de una sexualidad insolente. Al principio él se limita a mirarla con expresión de cordero degollado. Pero, cuando ella se acerca, le propone bailar. Ella dispara: “¿Y qué querías que hiciéramos, trepar a un árbol?”. Se seca las manos en el vestido rosa, se acopla a él y bailan la canción lenta. Él no se cree su suerte; tampoco sabe que ella ha comenzado así su venganza.
Ianko López, sobre Verano asesino (L'été meurtrier, Jean Becker 1983)
domingo
Aquel brillo
La realidad era un escenario febril en el que cada objeto tenía una función.
Daba gusto levantar los ojos y observar las ventanas encendidas, apreciar el color amarillento de la luz y adivinar las vidas que discurrían al otro lado de los visillos. Todo estaba por estrenar, por ver, todo estaba por inaugurar. Incluso las esquinas más sucias, más rotas, más meadas por los perros, tenían esa calidad de representación, de parque temático, que producía asombro.
Me pregunté qué habría ocurrido si aquel lejano día de mi infancia no hubiera regresado al sótano por el mismo agujero por el que había salido de él. Tal vez la vida hubiera mantenido siempre aquel brillo o aquella fiebre, que ahora acababa de recuperar y que nunca más, me dije, perdería
Juan José Millás, El mundo
sábado
Papel rayado
Convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Julio Cortázar
viernes
García
Luis G. aún no ha retirado su reflejo del espejo cuando escucha a la mujer, en la habitación de la señora Joaquina. Debe ser por la hora o quizás por el espejo, pero escucha todo lo que quiere y de la forma que quiere.
Luis oye cómo la mujer cuenta que es de origen ruso, que nació en San Petersburgo cuando aún se llamaba Leningrado, que es hija de un exiliado comunista español, pero que desde siempre lleva el apellido de su madre para evitar ser reconocida. Y Luis piensa en su propio apellido, García, y sonríe pensando en lo fácil que es para él pasar desapercibido.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
jueves
Un cuarto con lavabo
Luis G. se mira en el espejo que hay sobre el pequeño lavabo de su habitación. Tener ese lavabo es un privilegio porque, aunque la patrona les haya prohibido expresamente orinar en él, todos saben que el que tiene lavabo tiene un lugar en el que poder aliviarse por las noches sin necesidad de salir de su cuarto.
Luis piensa que en realidad solo los hombres pueden hacerlo y, por primera vez, cae en la cuenta de que Carem solo da las habitaciones con lavabo a las mujeres, y piensa un poco más y se pregunta por qué él tiene un cuarto con lavabo desde que llegó a la casa.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
miércoles
Juegos capitales
La novela es ese gran combate que libra el escritor consigo mismo porque hay en ella todo un mundo, todo un universo en que se debaten juegos capitales del destino humano.
Julio Cortázar
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lunes
Una ciénaga infinita
ERES UN MARCIANO.
Has de saberlo, ERES UN MARCIANO, colega. Y no te preocupes, va a empeorar. A medida que tu malestar aumente, los “terrícolas” a tu alrededor van a seguir aconsejándote con sus mejores arengas e intenciones logrando que te colapses en una ciénaga infinita de malestar.
Víctor Amat
jueves
El tiempo de llorar
Fue aquel día cuando después de una historia de amor que duró ocho años, al despertar del sueño, Leonard supo que Marianne lo había abandonado.
Entonces él tomó el cuaderno de notas que tenía sobre su pecho y escribió: “Tu cuerpo, Marianne, estará siempre en esta casa, en cualquier otro mar” Leonard entendió que había llegado el tiempo de llorar.
Manuel Vicent, Hydra, 1960 (El País, 30/07/2023)
miércoles
Sueñitos empapados
Será que no es admiración sino esa forma de apropiación antigua de los hombres, que miden a las mujeres en función de sus apetitos y sus fantasías.
Un pibón es, al fin y al cabo, un cuerpo que podría saciarlos en sus sueñitos empapados.
Martín Caparrós, La palabra Pibón (El País, 29/07/2023)
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